Nova Arqueología

Templarios en la Patagonia: las Expediciones en Busca de la Ciudad de los Césares. Parte II

Leyendas y Realidades

Al contacto con los Indígenas, los Primeros Adelantados españoles tuvieron noticias de la existencia de la “Sierra de la Plata” (“montaña llena de metal plata”) y de la Leyenda del Rey Blanco (del Paraguay). es Así que comenzó a creerse en una legendaria región de tesoros de plata en el interior de Sudamérica, que realmente existió y no era una simple leyenda como hasta ahora se cree…La “leyenda” se alimentaba por el uso de objetos en plata que veían los españoles en los pueblos originarios de la región. La leyenda estaba asociada con la del Rey Blanco del Paraguay. Era lógica la leyenda: era el recuerdo del tráfico de plata entre tiwanacotas del Segundo Imperio y los Templarios.

En el siglo XVI, el estuario de los ríos Uruguay y Paraná era nombrado por los españoles y portugueses como Río de la Plata, el “de la” era debido a que se creía que remontando el curso llegarían a la Sierra de la Plata. Fue así que tuvo su inicio la exploración y colonización de la Cuenca del Plata de la mano de Solís, Caboto, Pedro de Mendoza y otros adelantados.

El nombre Mítico de Sierra de la Plata, se deriva del famoso Cerro Rico de Potosí en Bolivia, de donde los tiwanacotas el Segundo Imperio, extraían la plata. Extracción que luego continuaron incas y españoles. La República Argentina tomó su nombre del vocablo latino para plata, argentum.

El origen de la historia de las Ciudades de los Césares

Se origina en 7 fuentes independientes, que se entremezclaron con los siglos. Analizaremos pues las distintas Historias. Siga las múltiples
pistas, recorra los mapas, haga inteligencia y finalmente la verá. El camino es largo, mucha historia, mucha geografía, mucha etnografía, pero está a la vista, no es una leyenda.

1) La Expedición de del Capitán Francisco César, que encendió las ambiciones y dio el nombre a la “Leyenda”.
2) La Fuga de los Mitimaes de Santiago del Estero
3) Los Naufragios españoles en el Estrecho de Magallanes
4) Los Exiliados Españoles de Valdivia, Villarica y Osorno ingresando en la Cordillera a consecuencia de la Guerra de Arauco entre españoles y amerindios Mapuche y aliados.
5) El Fuerte Templario en la costa del Atlantico
6) Un asentamiento de “gente que no habla español”
7) Establecimientos Españoles, prácticamente aislados o que nos prosperaron en la Patagonia

Hechos que dieron origen a la Historia de las Ciudades de los Césares

En el tema de la Ciudad de los Césares, acrecentado durante 5 siglos, se mezclan historias reales, con fábulas y fuentes de muy diverso origen. Todo ello abonado por la imposibilidad de establecer comunicaciones seguras entre la Chile y el Puerto de Buenos Aires y la distorsión que se introduce en las informaciones cuando estas son fragmentadas y transmitidas por interpósitas personas
como los las tribus indígenas.

Entre ambas regiones está la cordillera y enormes extensiones de tierra en aquel entonces inexploradas y bajo el control de Tribus algunas de Indios Blancos y otras de Amerindios. Pero básicamente se puede decir que el cruce de noticias que traían los indios y los exploradores, más los informes de los expedicionarios que intentaban encontrarlos, era todo mezclado en el imaginario popular hasta alcanzar ribetes fantásticos en la ambición por el oro en algunos casos; en el deseo de dominio y conversión religiosa y enotros casos por el simple intento salvar náufragos.

La Ciudad de los Césares fue conocida con muy diversos nombres como Ciudad Errante, Ciudad Encantada, Traplandia, Trapaland, Trapananda, Lin Lin y Elelín. La ciudad se caracterizó por ser buscada intensamente durante la época colonial de Chile y Argentina, pues se suponía que había sido fundada según las diferentes versiones, por españoles (náufragos, o exiliados), y/o por mitimaes incas; y que estaba llena de riquezas, principalmente oro y plata.

 1515. Expedición de Solís al Rio de la Plata – Los “Náufragos Mimados” por los supuestos “Indios”.

Esta narración muestra a las claras que había no sólo Tribus de “Indios Blancos” afines y aliados, sino que además existía un Puerto de Aprovisionamiento – la Isla Santa Catalina en Brasil – que ya había sido usada por los Templarios 2 siglos antes para transportar la plata a Europa.

La partida de la expedición se realizó desde el fondeadero de Bonanza en el puerto de Sanlúcar de Barrameda el 8 de octubre de 1515, con el objetivo de encontrar el paso transoceánico entre el Atlántico y el Pacífico, para alcanzar las Islas Molucas (actual Indonesia).

Nota: Paso del que se tenía noticias concretas en la Corte Española a través del mapa de Walseemuller, que a su vez recogía los conocimientos templarios del continente americano. El estrecho de Magallanes no había sido descubierto y 13 años antes ya Waldseemuller lo había publicado. También había sido publicado en el Mapa de Piri Reis.

La Misión de Solís era muy simple: hallar ese paso conocido en los mapas. No lo pudo hacer, luego lo haría Magallanes en 1520. Luego de hacer una escala de reaprovisionamiento en Santa Cruz de Tenerife, en las islas Canarias, se dirigieron a la costa del Brasil, que alcanzaron al divisar el cabo San Roque, al sur del cabo de San Agustín, hacia donde los llevaron las corrientes marinas. Continuaron luego siguiendo hacia el sur la costa brasileña, pasando por el cabo Frío, la bahía de Guanabara (río de Genero, o río de Janeiro), en donde obtuvieron provisiones de los indígenas (
nosotros nos preguntamos: ¿por qué los indígenas los apoyaron?)

Luego pasaron por el cabo de Navidad (¿el 25 de diciembre?), y alcanzando el río de los Santos Inocentes el 28 de diciembre (actual Santos). Juán Díaz de Solís navegó lentamente hacia el sur a la vista de tierra, pasando el cabo de Cananea (isla de Cananéia, el 6 de enero) y alcanzaron luego una isla a la que Díaz de Solís denominó de la Plata (posiblemente la isla San Francisco o la isla de
Santa Catalina, en donde obtuvieron provisiones de los indígenas), y una bahía ubicada a 27° Sur que se llamó de los Perdidos.

Nota: Era lógico que allí recibiera apoyo. Tanto la Bahía de Guanabara y la Isla de Santa Catalina había sido la salida al Océano de la plata que venía del Segundo Imperio de Tiwanaku, a través de los Caminos del Peabirú y que embarcaban allí los Templarios 2 siglos antes. Por otra parte era Lógico también que llamara “Isla de la Plata” a la “Isla de Santa Catalina”

Ingresaron así en el río de la Plata, una enorme extensión de agua dulce que configura el estuario de los ríos Paraná y Uruguay, confundiéndolo con un brazo de mar de salinidad baja, que Díaz de Solís bautizó mar Dulce, y pudo penetrar en él gracias al escaso calado de sus tres carabelas. Díaz de Solís exploró el estuario con una carabela chica en busca del paso hacia el mar del Sur, pasando frente al río de los Patos (posiblemente el río Santa Lucía) e hizo escala en la isla Martín García, que bautizó así porque allí tuvo que sepultar al despensero de ese nombre, fallecido a bordo de la carabela.

Viendo indígenas en la costa oriental, Díaz de Solís intentó desembarcar en un bote con 7 de sus tripulantes (entre ellos Alarcón y Marquina, 4 marineros y el grumete Francisco del Puerto), en un paraje entre Martín Chico y Punta Gorda, o en alguna isla situada frente a esa costa. Solís y sus compañeros fueron sorpresivamente atacados por un grupo de indígenas que los mataron y
descuartizaron ante la mirada del resto de los marinos, que observaron impotentes desde el buque, fondeado a tiro de piedra de la costa. Los cadáveres fueron asados y devorados por los indígenas, que primeramente fueron identificados como Charrúas, sin embargo de que estos no eran caníbales, pero sí sus vecinos amerindios, provenientes del amazonas los Chandules, que vivían en las islas situadas en la cercana costa opuesta.

El “increible” Relato de los “Indios Cariñosos” – Los “Indios Blancos”

Relación de Herrera

“El grumete Francisco del Puerto no fue asesinado, pero sus compañeros confundidos al haber perdido a su líder, no intentan rescatarlo y retornan junto a los otros dos barcos. Tomando el mando Francisco de Torres (cuñado de Díaz de Solís), regresaron inmediatamente al mar, reaprovisionándose de la carne de 66 lobos marinos en la isla de Lobos. Salaron la carne y llevaron los cueros queluego vendieron en Sevilla. Del Puerto permaneció en Martín García (la actual isla) hasta el arribo de la expedición de Sebastián Gaboto, cuando fue recogido años después.

Francisco del Puerto le habló a Gaboto de la Ciudad de los Césares, que creía que se encontraba remontando el río, por lo que Gaboto abandonó la misión que tenía encomendada y buscó la ciudad. Aunque no la encontró, habló de la misma a su regreso a España, lo cual motivó al rey español a colonizar el actual territorio argentino…

Nosotros nos preguntamos: ¿qué tenía de especial Francisco del Puerto, un simple grumete, para que los Indios Charrúas lo cuidaran y “mimaran” tanto? ¿No le llama la atención que no lo mataran? En la Expedición de Alejo García hablaremos más del tema

Retorno a España

Al pasar frente a la isla Santa Catalina, naufragó una de las carabelas en la Laguna de los Patos, quedando 18 marineros en la costa, entre ellos Melchor Ramírez y Enrique Montes. Estos náufragos se separaron, 7 viajaron hacia el norte en busca de los portugueses, que los hallaron y los enviaron a Lisboa. Otros 6 permanecieron en los Patos, y el portugués Alejo García se aventuró con
algunos de sus compañeros y centenares de indígenas en busca de la Sierra de la Plata en dirección al Alto Perú, muriendo asesinado al regresar.

Los dos barcos restantes llegaron al cabo de San Agustín, en donde recogieron Palo Brasil y retornaron a España, arribando a Sevilla el 4 de septiembre de 1516. Desde entonces el estuario del río de la Plata fue conocido en España como Río de Solís.

Nota: ¿No le llama la atención que Alejo García, un “simple náufrago” un “sublime desconocido” lo acompañaran “centenares de indígenas” en una expedición?

La Expedición de Alejo García alcanza el éxito, pero él muere en el intento. Esta Expedición es muy aleccionadora porque nos permitirá entender el por qué del rápido éxito de los españoles en América y hará evidente muchas de las fantasías con las cuales nos llenaron la cabeza de niños…

Alejo García no descubre la Ciudad de los Césares, solo encuentra regiones del Incanato a las cuales saquea con apoyo indígena. Sin embargo, su hallazgo de riquezas que confirman las leyendas de los indios, contribuye al aumento de la leyenda y a las confusiones que genera la posterior Expedición de Francisco César

¿Nadie se pregunta por qué Alejo García y los otros náufragos pudieron sobrevivir en tierra supuestamente “bajo dominio del salvaje” tantos años? ¿Por qué no fueron inmediatamente asesinados? ¿No le llama la atención? ¿Cómo es que hasta se “da el lujo” de “reclutar más de 2 mil indios” y organizar una expedición al alto Perú (Bolivia)?

Estamos hablando del año 1515, Perú todavía estaba bajo el mando Incaico, ni siquiera Pizarro había desembarcado. Eran tierras supuestamente “apenas conocidas”. El Estrecho de Magallanes todavía no había sido “descubierto” (recién en 1520 aunque ya conocía como secreto de estado por el Mapa de Waldsemuller). ¿Acaso Alejo García y los otros náufragos eran “Dioses Esplendorosos”? ¿En qué idioma se comunicaba con ellos?

Es que Alejo García estaba entre tribus aliadas… Aleixo García era portugués… Los portugueses, franceses y otros hacía décadas que extraían Pino Brasil, conocido desde la Edad Media en Europa, mucho antes del “Descubrimiento” de Colón…

Y, antes que ellos, los Templarios, estuvieron durante dos siglos incursionando en Santa Catalina (brasil) en busca de la plata con la cual inundaron Europa…

Y, antes que ellos, vikingos daneses se habían alzado con el control de Tiwanaku (Segundo Imperio), hacia el 1100 de nuestra era…

Y, antes que ellos, una oleada inmigratoria blanca, del 1200 antes de nuestra era, diáspora de las migraciones masivas que generó la Guerra de Troya, ya había poblado el continente, incluso formando el Primer Imperio de Tiwanaku, sobre los restos de un asentamiento muy, pero muy anterior (10 a 12 mil años antes de nuestra era)

Los Tiwanacotas (descendientes de vikingos daneses) del Segundo Imperio, habían creado una aceitada alianza con los Guaraníes y, con ellos, dominaron el Paraguay y el sur del Brasil. Luego fueron derrotados en un alzamiento indígena de los Diaguitas comandados por Kari. Destruida su civilización se replegaron y luego dieron origen al Incanato o Imperio de los Descendientes, quienes impordrían una dura tiranía que se extendería hasta el arribo de los españoles.

La Expedición de Alejo García alcanza el éxito, pero él muere en el intento. Esta Expedición es muy aleccionadora porque nos permitirá entender el por qué del rápido éxito de los españoles en América y hará evidente muchas de las fantasías con las cuales nos llenaron la cabeza siendo niños.

No es para nada sorprendente que Solís, Caboto y los náufragos recibieran apoyo inmediato. Ver personas de raza blanca en América no era para nada novedoso. ¿Por que cree usted que los Jesuitas eligieron a los Guaraníes para crear sus Misiones Jesuíticas? Acaso se sentaron en Roma y dijeron “de pin, marie, pingue” y eligieron la región al azar? No, los jesuitas, como todos los demás sabían adónde iban.

Había otra razón para que Alejo García recibiera apoyo. El Segundo Imperio de Tiwanaku hacía rato que había caido, ahora dominaban los Incas (lejanos descendientes de los vikingos daneses de tiwanaku). El Incanato se había convertido básicamente una pequeña minoría blanca muy corrupta, conduciendo a millones e amerindios subyugados que aprovechaban cualquier ocasión para alzarse en contra de ellos.

No se crea las historias “edulcoradas y llenas de almibar” que nos cuentan actualmente del “Maravilloso Imperio el Inca en contacto y respeto con la Naturaleza”. Es todo una historieta para el consumo popular. La Verdad es otra. ¿Por que cree que el Imperio Inca cayó tan rápido bajo dominio de tan solo algo más de 200 españoles de Pizarro? Cayó porque las tribus subyugadas
se pasaron del bando español y porque la Nobleza Incaica estaba inmersa en la más absoluta corrupción por el poder. Pizarro llega justo en el medio de una Guerra Civil.

Entre las impopulares prácticas del Incanato estaba la de crear colonias con Mitimaes. Si una Tribu era algo “inquieta”, inmediatamente se la trasladaba a cualquier otro lugar del imperio, desarraigándola por completo. El término “mitimaes” proviene del quechua: mitmac, ‘esparcir. Eran pues grupos humanos extraídos de sus comunidades por autoridades del Imperio inca y
trasladadas de pueblos leales a conquistados o viceversa para cumplir funciones económicas, sociales, culturales y políticas.

ES ASI QUE MUCHOS AMERINDIOS ESTABAN HARTOS DE LA TIRANIA DEL INCANATO Y DISPUESTOS A COLABORAR CON CUALQUIER BLANCO QUE DESEARA IR A A SAQUEARLOS. FUE POR ESTO QUE LOS INDIGENAS APOYARON A ALEJO GARCIA.

Volvamos al tema de Alejo García, “el náufrago que se congració con los indígenas”. Estando como “náufrago” en Santa Catalina, organizó por su cuenta una nueva expedición en la que figuraban gran número de guerreros avá (es decir, guaraníes) para recorrer aquellas tierras. Entre 1521 y 1525 recorrió el río Paraguay, llegó hasta los límites orientales del Tawantinsuyu (Incanato), atacó la
región de Cochabamba en lo que hoy es la actual Bolivia, pasando por el Chaco Boreal.

La expedición que partió en 1524 el Puerto de Patos en la Isla Santa Catarina, contaba con 2 mil hombres, la mayoría de ellos “Indios” (y si la minoría no lo era, ¿que eran? ¿extraterrestres?. Eran blancos. ¿Blancos? ¿de donde salieron?) y consiguió encontrar las riquezas que buscaba, pero fue atacada por los payaguás (etnia rival de los guaraníes), que mataron a buena parte de sus integrantes, entre ellos a Alejo, que fue enterrado en donde hoy se levanta la ciudad de San Pedro de Ycuamandiyú, capital del departamento paraguayo de San Pedro.

¿Leyó lo que acabamos de escribir?: “Partió del Puerto de Patos de la Isla Santa Caterina” ¿Qué Puerto?

Queridos lectores: miren bien lo que estamos diciendo: es 1524. Todavía no han arribado Caboto (1529), Pizarro (1531), ni Pedro de Mendoza (1536). Todavía todo el Sur del Continente es “Terra Incógnita ” Todavía el Imperio Incaico está en todo su esplendor. RAZONEMOS. DESPERTEMOS.

Por eso hemos escrito toda esta obra, para dejar al descubierto la Historia Real de América..

La ruta que usó Alejo García fue muy utilizada después: por ella pasaron Martin Afonso de Sousa que fundó la ciudad de San Vicente, Álvar Nuñez Cabeza de Vaca en 1541 y Ulrico Schmidel en 1553. Por esos mismos caminos pasaron los Jesuitas que fundaron las reducciones donde cristianizaban a los guaraníes. Esa ruta era ni más ni menos que los Caminos Mullidos del Peabiru, de los que ya hemos hablado.

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Nuestro “Náufrago Desamparado en Terra Incógnita” oyó hablar de las riquezas en relatos que narraban una montaña toda ella de plata y un poderoso “Rey Blanco”.

Volvemos a preguntar ¿qué idioma usaba con los nativos? ¡ Qué inteligente, qué carrera meteórica! De simple “náufrago” a “Gran Jefe”! ¿Cómo lo hizo?

Recapitulempos: la expedición tardó cuatro meses en llegar al lugar donde hoy está la ciudad de Asunción en Paraguay. Se alimentaban recolectando frutos silvestres y miel. Cuando alcanzaron las fronteras Incas, cerca de la actual ciudad de Sucre, atacaron los puestos fronterizos y llegaron a estar a menos de 150 km del Cerro de Potosí, que en aquel entonces era una montaña entera de plata pura y había dado lugar a las historias que había oído en Santa Catalina. Una vez que saqueó la zona por donde se movió, llevando mucho oro y plata, se volvió por el río Paraguay,
donde la expedición fue atacada por los indígenas llamados por los guaraníes “Payaguá”, que mataron a una buena parte de la misma y a Alejo García.

Algunos de los sobrevivientes de esta expedición se refugiaron en el Rio de la Plata y tomaron contacto con el “Náufrago Mimado de los Charrúas”, Francisco del Puerto (Grumete de la fallida Expedición de Solís) y le comentaron estos sucesos. Asu vez, éste se los contaría a Gaboto o Caboto.

Ya tenemos entonces preparada la escena para el origen del nombre Argentina y Rio de la Plata. En 1526 se encontraron en el estuario de la desembocadura del río Uruguay en el Atlántico a unos indígenas que traían mucha plata. Sebastián Gaboto, que fue quien los halló, pensó que había abundancia de plata en las orillas del río y así lollamaron. Esos indígenas eran restos de la expedición de Alejo García a Perú.De allí se extendió el de Argentina (de argentum, plata en latín) que se usó por primera vez en el poema histórico La Argentina o la conquista del Río de la Plata que en 1602 publicó Martín del Barco Centenera.

Expedición de Caboto – Los “Indios Blancos” Charrúas – Expedición de Francisco César, lugarteniente de Caboto que origina la “Leyenda”

La expedición de Caboto partió de Sevilla el 3 de abril de 1526 con destino a las Molucas (Indonesia) vía el Estrecho de Magallanes. Al recalar en la isla de Santa Catalina en las costas del
Brasil para reaprovisionarse, dieron con sobrevivientes de la Expedición de Alejo García, uno de nuestros “Náufragos Mimados de la Expedición de Solís”.

Nota 1. ¡Qué “casualidad”! las expediciones siempre paraban en Santa Caterina a buscar aprovisionamiento. ¿Cómo? Es 1526 en América del Sur se suponía que no había nada, ni siquiera había llegado Pizarro a Perú… Paraban a reaprovisionarse? Quién los reaprovisionaba?

Ellos le relataron las historias de la Expedición y de las Riquezas obtenidas y perdidas en su gran mayoría provenientes del interior del continente. Caboto decidió proseguir viaje para cumplir con su obligación, pero al perder una nave y viendo difícil la terminación, decidió cambiar de planes y se internó en el Rio de Solís en busca de una Ruta hacia la Sierra de la Plata. Allí fue donde
encontró a nuestro otro “Náufrago Mimado” a Francisco del Puerto, quien hacía 10 años que estaba entre Charrúas.

Llegó el momento de revelar por qué Francisco del Puerto fue bien tratado por los Charrúas. Fue bien tratado por la simple razón que los Charrúas eran “Indios Blancos”, no eran amerindios como podrían ser los Mapuche puros o los Guaraníes (de aspecto mongoloide), eran y son de raza blanca. Francisco del Puerto mostró incluso a Caboto algunas muestras de artesanías de Plata, que surgían del comercio entre Charrúas y otras tribus de Indios Blancos. sto terminó de convencer a Caboto que estaba en el buen camino de encontrar una rápida fortuna que podría presentar como
botín en vez de la Ruta a las Molucas ante la Corte de España.

Ahora bien ¿por qué se terminó de convencer? ¿por el simple relato de un “Náufrago Mimado” o por los relatos que oyó en Santa Caterina? No, fue también por las informaciones que obtuvo de los Charrúa, quienes recordaban el intenso tráfico de plata que habían efectuado hasta hacia dos siglos antes los Templarios con Tiwanaku.

Una de las 4 Rutas de la Plata, era la que bajaba del Paraguay por el Paraná hasta el Rio de la Plata y, luego a Europa.

Caboto entonces, desvió su ruta a las Molucas y se internó en el Río de la Plata en busca del Rey Blanco y la Sierra de la Plata explorando los ríos Uruguay, Paraná y Paraguay. El 27 de febrero de 1527 estableció el Fuerte de Sancti Spiritu en la confluencia de los ríos Carcarañá y Coronda, cerca de su desembocadura en el Paraná. uego, en abril de 1528 llegó a Sancti Spiritu la expedición comandada por Diego García de Moguer, desviada también de su viaje a las Molucas, y que unió fuerzas con Caboto.

Resúmen de las Expediciones que se intentaron en busca de las Ciudades de los Césares

1526 : Primera referencia a la existencia de la Ciudad de los Césares. El capitán Francisco César, llegado al Río de la Plata en la expedición de Sebastián Caboto, informa sobre una misteriosa y rica ciudad al suroriente del río Paraná

El Viaje de César

Entre el personal que acompañaba a Caboto habia un capitan de toda la confianza del jefe, Francisco César. Este último, solicitó y obtuvo permiso para ir en busca de las tierras ricas en oro y plata. Con unos pocos compañeros bajo sus órdenes, se internó en el país. La reconstrucción de este viaje es muy difícil, por eso, solo hablaremos aquí de lo que no hay duda. Partió a fines de 1528 y en Febrero de 1529 estaba de vuelta en el fuerte de Sancti Spiritus, quedandose con Caboto hasta vuelta a España de éste en Octubre del rnismo año, adonde le acompañó. abemos que salieron repartidos en tres columnas: “una por los quirandies, otra por los curacuraes y la otra por el rio de Curacuraz”

Los Querandíes eran de la misma etnia que los Het (Tehuelches), Huarpidos (Huarpes y Comechingones) y Charrúas: todos “Indios Blancos” o sea americanos de raza blanca. Fueron exterminados por la viruela, los ataques españoles y por los Mapuche. Ocupaban la zona de la Pampa en Dirección suroeste a la posición de Sancti Spiritu (a orillas del Carcarañá en su desembocacura al Paraná).

El que más datos da de la expedición de César es Ruy Diaz de Guzmán, quien sin embargo incurre en gran cantidad de errores cronológicos, que con el análisis de posteriores historadores fue prácticamente desvirtuado. Pero lo que nos interesa aquí son los Derroteros de la Expedición de César, así que veremos lo que dicen varios autores.

Derrotero de César según Guzmán

“A este efecto, desde la fortaleza de Sancti Spiritu, de donde salieron a su jornada, se fueron por algunos pueblos de indios, y atravesando una cordillera que viene de la costa de la mar – ¿ Serranias de Córdoba y San Luis ? -, y corriendo hacia el Poniente y Septentrión, se va a juntar con la general y alta cordillera del Perú y Chile, haciendo entre una y otra muy grandes y espaciosos valles poblados de muchos indios de varias naciones; y pasando de aquel cabo, corriendo su derrota por muchas poblaciones de indios que les agasajaron y dieron pasaje, continuando sus jornadas volvieron hacia el Sur, y entraron en una provincia de gran suma, y multitud de gente; muy rica de oro y plata, que tenían juntamente mucha cantidad de ganados y carneros de la tierra, de cuya lana fabricaban gran suma de ropa bien tejida.

Estos naturales obedecían a un gran señor que los gobernaba, y teniendo por más seguro los españoles meterse debajo de su amparo, determinaron irse adonde él estaba, y llegados a su presencia, con reverencia y acatamiento le dieron su embajada, por el mejor modo que les fue posible, dándole satisfacción de su venida, y pidiéndole su amistad de parte de Su Majestad, que era un
poderoso príncipe que tenía su reino y señorío de la otra parte del mar; no porque tenía necesidad de adquirir nuevas tierras y señoríos, ni otro interés alguno más que tenerle por amigo, y conservar su amistad, como lo hace con otros muchos príncipes y reyes, y celo de darle a conocer al verdadero Dios.

En este particular fueron los españoles con gran recato por no caer en desgracia de aquel señor, el cual los recibió humanamente haciéndoles buen tratamiento, gustando mucho de su conversación y costumbres de los españoles; y allí estuvieron muchos días, hasta que César y sus compañeros le pidieron licencia para volverse, la cual este señor les concedió liberalmente dándoles muchas piezas de oro y plata, y cargándoles de cuanta ropa pudieron llevar, y juntamente les dio indios que los acompañasen y sirviesen; y atravesando toda aquella tierra, vinieron por su derrota hasta topar con la fortaleza de donde habían salido…”

Y aquí empieza Guzmán con sus desaciertos cronológicos como suponer que encontró Sancti Spiritus ya destruido, cuando en realidad volvió con Caboto a España o cosas como que César se fue al Cuzco justo en tiempos que Pizarro apresó a Atahualpa y dislates por el estilo (Pizarro llegó en 1531)

Análisis del Derrotero según Guzmán

“y atravesando una cordillera que viene de la costa de la mar, y corriendo hacia el Poniente y Septentrión, se va a juntar con la general y alta cordillera del Perú y Chile…
continuando sus jornadas volvieron hacia el Sur, y entraron en una provincia de gran suma…”

1) Si se observa un mapa, se vera que las Sierras de Tandil y Ventania parecen continuarse en las de San Luis y Córdoba (aunque no tengan nada que ver entre si). Si formáramos con ellas una línea imaginaria, parecerían extenderse desde el mar corriendo hacia el noroeste hacia la cordillera de los Andes. Es decir, la resultante final del la ruta de César da un rumbo suroeste.

2) Sabemos que tardó 2 meses y medio en ir y volver a Sancti Spíritu. Supongamos 1 mes de marcha y 1 mes de vuelta

3) Supongamos que estuvieron 15 días estacionados con el Cacique (“…y allí estuvieron muchos días, hasta que César y sus compañeros le pidieron licencia para volverse…)

4) Sabemos que fueron caminando. Estimamos un ritmo de marcha de 5 leguas diarias (28 kilómetros diarios) promedio (lo usual en la época para una expedición) por 30 días de marcha, recorrieron a lo máximo 835 kilómetros.

Conclusiones del Viaje de Francisco César

a) César pudo haber encontrado a tribus aliadas de la abandonada Meseta donde se encontraba El Fuerte Templario, porque la línea recta en dirección suroeste desde Sancti Spiritu da exactamente 835 km

b) César pudo haber encontrado nuestra primer Candidata a Ciudad de los Césares (explorada por esta Comisión). Quizás una Colonia Sureña de Mitimáes o incluso a Nuestra Segunda candidata

c) César pudo haber dado con la Misma población que encontró Silvestre Roxas (1707) o el Padre Falkner (1760), porque los derroteros coinciden. Dicha población es la que nos interesa: la Ciudad de los Césares.

1535: Mitimaes incas del norte chico (Santiago del Estero, Argentina) huyen al sur del país tras un intento frustrado de liberar al Inga Paullu, que acompaña la expedición de Diego de Almagro. Surge con ello el rumor de una nación inca en las tierras australes

La Historia de los “Mitimaes” Incaicos en Santiago del Estero – 1535

El segundo paso en el desarrollo de la historia comenzó con la expedición de Diego de Almagro en 1535 – 6 años después de Caboto y César y a sólo 4 años de la llegada de Pizarro al Perú – Al llegar al valle llamado Quiriquiri (hoy Santiago del Estero) encontró en el una colonia de Mitimaes del Inca, establecida alli para tener en sujección a los naturales de la provincia.

Como ya lo dijimos, entre las impopulares prácticas del Incanato estaba la de crear colonias con Mitimaes. Si una Tribu era algo “inquieta”, inmediatamente se la trasladaba a cualquier otro lugar del imperio, desarraigándola por completo. El término “mitimaes” proviene del quechua: mitmac, ‘esparcir. Eran pues grupos humanos extraídos de sus comunidades por autoridades del Imperio inca y trasladadas de pueblos leales a conquistados o viceversa para cumplir funciones económicas, sociales, culturales y políticas.

Volviendo al tema, los Mitimaes de Santiago del Estero, como vieron que el Inca Paullu venia como prisionero de Almagro, conspiraron para atacar a los españoles y libertar su principe.
En el combate que se siguió las tropas de Almagro hicieron una gran matanza de los indios y se ajustició un número considerable de los prisioneros. Los Mitimaes sobrevivientes, se desplazaron para no quedar en sumisión de los españoles.

Más sobre lo que pasó con los Mitimaes de Santiago del Estero. Declaraciones de Testigos.

En la Información posterior levantada por el gobernador de Tucumán, Juan Ramirez de Velasco, en Santiago del Estero, del año de 1589, se halla la declaración de Blas Ponce, que
en la parte pertinente dice:

“Estando en la población y conquista de Londres (1553) (Ciudad fundada en territorio argentino) este testigo en un valle que se llama el Valle Vicioso halló un indio muy viejo y ciego en una ranchería, al cual queriendo sacar algunas noticias de la tierra y gente le preguntó este testigo por ellas y le dijo:

“que a los indios que estuvieron en esta provincia de Mitamaes sacando oro y plata para el Inga los mató Almagro y los que quedaron se fueron por este camino Real del Inga adelante hazia las espaldas de Chille a poblar con otros capitanes que estaban allí.” Si quereis riqueza oro y plata y “obejas de la tierra” (así se llamaba a las Llamas) y mucha gente, valla que caminohallareis hasta un valle que se llama Diamante (lugar mencionado en varios Itinerarios y que está en la actual Provincia de Mendoza en Argentina), de alli han borrado y desecho el camino para que no bayan los cristianos por ellos siempre cerca de la cordillera. Que topareis mucha gente poblada naturales de la tierra y ellos os daran noticias y enseñaran alla, que yo estuve siendo mozo alli que fuy con los yngas cuando huyeron llebando sus obexas y hato cargado y estuve allí tres o cuatro años donde vide se se servfan con plata y oro todo en los basos en que comian y bebian y traje de allá algunos mates que me dió, el cacique que me llebó y un cacique deste valle quese dice Pilola me los quitó como me a bisto biejo y Ciego y que otros muchos yndios de dicho valle veían como el dicho
yndio havia ydo y vuelto a la tierra de los dichos yngas”

Nota: en esta relación se sitúa a la tierra de los Mitimaes al Sur del Valle Diamante, en Mendoza.

El mismo testigo Blas Ponce declaró:

“…que además de lo dicho tiene este testigo estuvo en el Piru en Potosi abra veinte años poco mas o menos yhablando con un soldado que se llamaba Pedro Clavijo que fué uno de los soldados que entraron en esta Gobernación de Tucuman con el Capitán Diego de Rroxas que fue elprimer descubridor destas provincias el cual salió del Piru con yntento de fazer el dicho descubrimiento por la grannoticia de la mucha gente de naturales y riquezas que avia en la dicha jornada de los césares que descubrió el dicho soldado Cesar a donde tenia asi mismo noticia el dichoDiego de Rrojas que avia los dichos españioles perdidos que estavan alli poblados y que el dicho Diego de Rroxas avia enbiado gente a descubrir la dicha jornada y tan a mientras le mataron los dichos naturales y se desbarataron sus soldados y capitanes y se bolvieron al Piru y no uboeffecto.

Y que el dicho Pedro Clavijo afirmava a este testigo quehera muy cierta y berdadera la dicha jornada y gran número de gente y rriqueza que avia en ella porque se lo avia dicho a él en secreto y puridad un fulano quiteria, vizcaino, que hera uno de los soldados que llebó consigo el César quando la descubrió por cuyo rrespeto avia benido con el dicho Diego de Rrojas el dicho Pedro Clavijo al dicho descubrimiento y para ello se avia movido mucha gente vesinos e hombres muy rricos del Piru y que les avia certificado el quitena que estando en la dicha jornada una yndia le avia dicho en lengua del Piru (quechua) como más adelante la tierra adentro hazia la cordillera de Chille avia muchos como ellos poblados y que tenían paz con sus caciques aunque antes avian tenido mucha guerra.

Y que asi mismo estava certificado de una yndia del Piru madre de una hija suya el dicho Clavijo de que era berdad lo de la rriqueza y gente del piru questava poblada en la dicha jornada de los Césares de yngas del piru porque yendo esta dicha yndia con el Capitan Saucedo su amo a Chille con Don Diego de Almagro el cual llebaba consigo a Pablo Ynga que era entonces el Señor del Piru preso paraque le enseñara el camino e rriqueza de Chille treynta leguas de la cordillera de Chille en un balle que llaman Quiriquiri (actual Santiago del Estero) donde el dicho ynga tenia sus capitanes y poblado más de veinte mill yngas mitimaes los quales como bieron su señor preso de los españoles se determinaron a cercalles y tomalles a mano y dieron grandes guazavaras en el dicho valle donde el dicho Diego de Almagro y su gente mato más de 5 mil yndios y hizo justicia de más de 500 caciques y principales.y que los dichos ynidios desbaratados biendo el gran daño y muertos que le avian fechoy que su señor estava preso en poder de los españoles que poseian el Piru acordaron despoblar el dicho Balle del Quiriquiri donde estavan por Mitimaes sujetando a los naturales (amerindios avasallados por el Inca) que es la que ahora llaman de Londres (La ciudad fue fundada en 1558 por Juan Pérez de Zurita.

El asentamiento se ubicó cerca de la actual ciudad de Belén. Esta población tenía bajo su jurisdicción cuatro cuencas, la de Belén, San Fernando, Santa María, Tinogasta-Fiambalá y la de Andalgalá) donde tenían sus minas y fazian sacar oro y plata para el Ynga y se fueron en demanda de otro Capitán General del ynga que andaba poblando y conquistando en lo que ahora llaman de César.

Y questa gente demas e los naturales de la tierra (los vasallos) es la questa alli poblada de do se tiene esta gran noticia de mucho numero de gente y rriqueza y la sujetan estos Yngas y cerca de ella estan los dichos españoles de que se tiene noticia perdidos u que sujetan alguna parte de los naturales de aquella tierra (vasallos) e que se sirben y tienen para con estos Yngas del Pirú”

Conclusiones de la Historia de los Mitimaes en Argentina

1. Existían colonias de Mitimáes Incaicos en Argentina, sujetando en vasallaje poblaciones locales tanto al norte como al sur de Argentina. Incluso otros relatos hablan que cuando el Inca fue detenido en su avance por la Guerra con los Mapuche (ver historias del cacique Lautaro) en Chile, algunos cruzaron al otro lado de la Cordillera en busca del apoyo de Mitimaes allí.

2. Una de esas colonias claramente identificadas fue la de Santiago del Estero, que tenía bajo su control el territorio que se extendía hasta la actual Provincia de Catamarca, dónde hacían extracción e oro y plata para el Inca. Era lógico que se ubicaran allí porque dicha región fue cuna de civilización desde tiempos tan remotos como el 1.200 a.C.

3. Esa colonia intentó liberar al Inca Paullu, tras la derrota emigraron en busca de la otra colonia Mitimae más al sur (la dirección se deduce al decir “en lo que ahora llaman lo de César, recordemos que César marchó al suroeste) donde estaba operando otro Comandante Incaico con otro grupo de Mitimaes.

4. Se hace alusión que cerca de los Mitimaes Incaicos de esta segunda colonia más al sur, se encontraban “los españoles perdidos” que no podían ser los náufragos de la expedición del obispo e Plascencia al estrecho de magallanes porque esta expedición ocurrió 4 años después. Creemos que estos “españoles perdidos” no eran españoles, sino una colonia templaria porque otros relatos
dicen que hablaban un idioma que no era el español ni el de los indios.

5. En definitiva como ya lo hemos dicho no había una si no varias “Ciudades de los Césares” formadas por pueblos de etnias diferentes.

Francisco César pudo haber acertado con una Colonia Mitiamae Incaica o bien con la Ciudad Aledaña de la “otra gente” (los Templarios) Además, el cronista y maestre de campo Miguel de
Olaverria indica que: “… los súbditos incas que habitaban cerca al río Maule, al recibir el asedio de los mapuches y al enterarse que su rey estaba capturado por los españoles, resolvieron no volver a sus tierras, sino migrar a “lo de Cesares”.

En su informe escribe que: …”y pasaron la gran cordillera por el río Butagan que esta cerca del dicho rio Maule y hay opiniones que no vinieron al Peru a causa de estar los españoles apoderados de sus tierras y que están poblados en lo que llaman de Cesares sobre la mar del Norte de que hay noticia y muchas señales.”

1540: Naufraga en el estrecho de Magallanes un buque de la expedición organizada por el obispo de Plasensia a las Malucas. Más de dos décadas después dos de los náufragos llegan a Concepción, informando de la existencia de una ciudad fundada por los otros sobrevivientes

Los Náufragos Españoles de la Patagonia

Mapa francés que ubica a lo “Césares” originados por lo náufragos de la Expedición del Obispo de Plasencia en la Provincia de Santa Cruz, Patagonia argentina lo cual es lógico por la cercanía.

En 1540 Naufraga en el estrecho de Magallanes un buque de la expedición organizada por el obispo de Plasencia a las Islas Molucas (Indonesia). Dos décadas después dos de los náufragos llegan a Concepción (Chile), informando de la existencia de una ciudad fundada por los sobrevivientes. Varias expediciones españolas a la zona del estrecho de Magallanes fracasaron y empezaron a circular historias sobre la fundación de ciudades por parte de sus sobrevivientes, sobre todo acerca de la suerte que corrieron los amotinados de la expedición de Simón de Alcazaba y los náufragos de la expedición armada por el Obispo de Plasencia.

El naufragio de la expedición del Obispo de Plasencia durante la travesía que tenía como fin tomar posesión de la gobernación del Estrecho de Magallanes ocurrió en 1540, cuando ya estaban llegando a su destino. Cerca de 200 personas lograron refugiarse en tierra y se internaron en ella para establecerse hasta que los rescataran. No se tuvo noticias de ellos hasta unos 20 años después, cuando dos de los náufragos lograron llegar a Concepción, en el Reino de Chile, y contaron que otros sobrevivientes habían fundado una ciudad en la Patagonia y que las riquezas de
los incas estaban en ella.

La historia de dos de los náufragos: en 1563, veintitrés años después del naufragio de una de las naves del Obispo de Plasencia, llegaron a Concepción (Chile) dos hombres que habían estado en el barco. Se llamaban Pedro de Oviedo y Antonio de Cobos; y narraron cómo se habían salvado junto con la mayor parte de la tripulación y se habían internado tierra adentro al mando de Sebastián de Argüello, hasta encontrarse con un poblado de indios. Según ellos, después de algunas escaramuzas y un periodo de desconfianza, los españoles lograron asentarse en esa tierra en paz con los aborígenes y tomaron a indias como esposas.

En su relato hablaban de un poblado inca ubicado más al norte que estaba en guerra con ellos. Pero más tarde estos dos hombres asesinaron a un amigo del capitán y debieron huir a refugiarse entre aquellos “incas”. El escribiente que anotó la declaración de Oviedo señaló que: …La tierra era muy fértil y por la parte más principal que los fueron llevando caminaron dos días poco a poco y vieron multitud de oficiales plateros con obras de vasijas de plata gruesas y sutiles y algunas piedras azules y verdes toscas que las engastaban. La gente era lucida y aguileña y al fin de la del

Perú sin mezcla de otras. Dicen que les embidaban con plata y ellos se excusaron, pidiendo solo de comer y pasaje el cual se lo dieron y para el camino veinte indios que 10 se pusieron en lo alto de la cordillera en derecho a la Villa Rica y entregados con rehenes a los pulchez pasaron y vinieron a la ciudad de Concepción donde estuvieron por huéspedes el maestro del campo el general Juan Gutierrez de Altamirano.

1543-1548: Expedición de Diego de Rojas en busca de la Ciudad de los Césares

Fue un explorador y conquistador español del siglo XVI.

Nacido en la ciudad de Burgos afines del siglo XV o principios del siglo XVI y muerto en 1544 en Santiago del Estero en lo que hoy es Argentína. Llego a a la ciudad de Santo Domingo en 1516. En 1522 se trasladó para México donde estubo bajo las órdenes de Hernán Cortés, posteriormente formo parte del ejército conquistador de Pedro de Alvarado, participando en las conquistas delo que
ahora es México, Guatemala y El Salvador.

Despues de la segunda fundación de San Salvador en 1528, fue enviado junto a otros cápitanes para terminar la conquista de lo que ahora es El Salvador. Iniciando en 1529 la conquista de la zona oriental de El Salvador (dominado por los indígenas lencas). Tomado preso por Martín Estete (enviado de Pedrarias Dávila para adueñarse de San Salvador y conquistar los territorios Lencas), fue liberado cuando el cápitan Francisco de Orduña derroto a Martín Estete.

Se estableció en Acajutla a fines de 1532 y junto a Pedro de Portocarrero fueron los encargados de la conquista y la pacificación de los pueblos indígenas de la Costa del Bálsamo.

En 1536 viajo a lo ahora es Perú, como parte de un cuerpo de auxilio para ayudar al ejército de Francisco Pizarro. Entre 1538 y 1539 participo en la conquista de la provincia de Charcas, en donde fue su primer gobernador.

En 1543 exploró el Río de la Plata con 200 hombres como le ordenara el gobernador de Perú Cristóbal Vaca de Castro poco después de la conquista de Perú por parte de Francisco Pizarro. Llegó a ser Justicia Mayor y junto a Lope de Aguirre exploró el territorio de los indios chunchos.

Fundó Chuquisaca muriendo poco después en 1544 a causa de una flecha envenenada en Santiago del Estero. Juan Jufré, Teniente del Gobernador Francisco Villagra, envía una expedición desde Cuyo para reconocer la provincia de Trapananda o los Césares – 1563

La región de Cuyo estaba dentro de la gobernación de Nueva Andalucía creada el 21 de mayo de 1534 por Carlos V para Pedro de Mendoza. Quedó luego incluida dentro de la gobernación de Nueva Extremadura creada por Pedro de Valdivia el 11 de julio de 1541, que se extendía 150 leguas desde la costa del océano Pacífico a partir del paralelo 27° S, confirmada por Carlos V en 1552. Los primeros españoles que ingresaron en el actual territorio mendocino lo hicieron en 1551 a las órdenes de Francisco de Villagra, quien descendió desde el Perú por la ruta del Tucumán con
el objetivo de unirse a Pedro de Valdivia en Chile. El 2 de Marzo de 1561 el capitán Pedro del Castillo fundó la ciudad de “Mendoza del Nuevo Valle de La Rioja”, dándole el nombre del gobernador de Chile, García Hurtado de Mendoza.

Otra expedición al mando del capitán Juan Jufré, enviada por Villagra el sucesor de García Hurtado de Mendoza en la gobernación de Chile, traslada la ciudad a la margen izquierda del río a “dos tiros de arcabuz” al sudoeste, el 28 de marzo de 1562, rebautizándola “Ciudad de la Resurrección en la Provincia de los Huarpes”, pero perduró su nombre original. El 13 de junio de 1562 Juan Jufré de Loayza y Montese, fundó San Juan de la Frontera, en el valle de Tucuna, por orden de Francisco de Villagra, capitán general de Chile.

El corregimiento de Cuyo dependiente de la Capitanía General de Chile fue creado en 1564, fue uno de los once corregimientos en que se subdividió Chile. Aunque se ha perdido su acta fundacional, se cree que la ciudad de San Luis fue fundada el 25 de agosto de 1594 por Luis Jufré de Loaysa y Meneses, teniente corregidor de Cuyo. En 1596, después de haber sido abandonada, Martín García Oñez de Loyola, capitán general de Chile, mandó fundarla nuevamente. Entonces la ciudad recibió el nombre de “San Luis de Loyola Nueva Medina de Río Seco”.

El 25 de junio de 1751 el maestre de campo Juan de Echegaray fundó la villa de San José de Jachal. En 1767 fueron expulsados los jesuitas del corregimiento. Para detener el avance pehuenche se erige el Fuerte San Carlos (5 de febrero de 1770). En 1772 al crecer la población alrededor del fuerte se fundó la Villa San Carlos en el Valle de Uco. El 1 de agosto de 1776, el corregimiento de Cuyo
pasó a ser una de las partes constituyentes del virreinato del Río de la Plata, pasando a ser en 1782 la Intendencia de Cuyo y en 1783 parte de la Intendencia de Córdoba del Tucumán. Cuyo siguió bajo la jurisdicción de la Real Audiencia de Chile hasta 1785, cuando fue establecida la Real Audiencia de Buenos Aires.

1) Llegando a la ciudad de la Santísima Trinidad, puerto de Santa María de Buenos Aires, y provincia del Río de la Plata, se saldrá de ella, y se caminará por el camino abierto que hay de las carretas, que es el que trajinan los de Buenos Aires a la sierra del Tandil. Hay de esta sierra en adelante indios que llaman Pampas: es un gentío que corre todas las campañas, los cuales suelen hacer algunas hostilidades en las gentes que salen a los campos a vaquear, y hacer faenas de sebo y grasa.

2) Distante de esta sierra, como cosa de 80 leguas (445 km) , tirando para el poniente, se hallará otra sierra que llaman Guaminí, que está por un lado distante del mar cosa de dos leguas: tiene esta sierra por la parte del norte una laguna de aguas permanentes muy grande, llamada Guaminí, de donde toma el nombre la misma sierra.En esta laguna se suelen juntar hasta seiscientos, y
ochocientos indios Pampas, de diferentes naciones, y solamente en el tiempo de cosecha de la algarroba, para hacer sus paces unos con otros, poniendo sus ranchos alrededor de la laguna, para entrar con tiempo al monte, que dista de allí como cosa de cuatro leguas poco más; en cuyo monte hay mucha cantidad de algarroba, de donde se proveen para su mantenimiento, y para hacer la chicha para todo el año, que es la bebida usual que ellos estilan.

3) Desde esta laguna hasta pasar a la otra parte del monte, hay de travesía, por una parte, setenta leguas (390 km), en parte más, y en parte menos: con la advertencia de que en medio de este monte habitan otros indios llamados Mayuluches, y serán como cuatro o cinco mil por todos; los cuales salen a correr las campanas por la parte del poniente; y es gente muy belicosa, doméstica y amigos de los españoles.

4) Saliendo de este monte, tirando siempre hacia el poniente, se pasa por unas campañas dilatadas, cuya travesía es de treinta leguas (167 km), sin que se halle una gota de agua, por ser la tierra muy arenosa y estéril de todo pasto, donde apenas se encuentra tal cual árbol. Pasada dicha travesía, se halla un río muy grande y hondo, que sale de la Cordillera grande de Chile, y va dando vueltas, atravesando dichas campañas. Este río es profundo, y lleno de barrancas muy ásperas en algunas partes, y por esta causa tiene sus pasos señalados, por donde se pueda vadear: que por eso es llamado río de las Barrancas.

5) Pasado este río, prosiguiendo por las dichas campanas estériles, siempre siguiendo el mismo rumbo, se encuentra otro río llamado Tunuyán, distante uno de otro cincuenta leguas (278 km) por algunas partes. Entre estos dos ríos habitan otros indios llamados Picunches; son en gran número, los más bravos que hay en todas las campañas, y no se extienden a más que entre los dos ríos.

6) Saliendo de este río, y siguiendo siempre el rumbo del poniente, se entra por una campaña llena de médanos muy fragosos y ásperos, tierra muy seca y estéril. Caminando por entre los médanos, como cosa de treinta leguas (167 km), se descubre, mirando al poniente, un cerro grande nevado, muy alto, en forma de columna, llamado el cerro de Payén. En dicho cerro están los indios Chiquillanes; que son muy domésticos y familiares con los españoles, y llegarán al número de dos o tres mil indios. Tiene este cerro grande muchos cerros colorados al rededor, los cuales son todos de metales de oro muy rico, y al pie de este cerro grande, hay otro pequeño, que es de azogue, el cual se presenta como de un cristal muy fino.

7) Desde este cerro grande se dirige el rumbo al sur, y a cosa de cinco leguas (28km) se encuentra un río, llamado el río Diamante; dicho así porque nace de un cerro negro (actual volcán La Payunia), pasado de plata; y con muchos diamantes. Más adelante de este cerro negro, como cosa de cinco leguas (28 km), se encuentra otro río, llamado de San Pedro (actual rio Colorado). Entre estos dos ríos, esto es, entre el Diamante y el de San Pedro, habitan unos indios llamados Diamantinos, gente de que los más de ellos son cristianos, que se huyeron de los pueblos españoles, por
las violencias de los encomenderos. Son estos indios muy labradores, y serán en número de 400. Este río de San Pedro es muy temido de toda clase de indios, por lo fragoso que es, y porque solo tiene unos pocos pasos, por cuanto lo más del año está crecido.

8) Prosiguiendo siempre el mismo rumbo hacia el sur, a distancia de cuatro leguas (22 km), se encuentra otro riachuelo, que llaman Estero: llámase también el riachuelo de los Ciegos (actualmente seco), por haber habitado allí en antiguos unos indios que se cegaron de resultas de un temporal: grande que huyo de nieve. En este riachuelo o estero habita una multitud de indios, que llaman Pegüenches, cuyas armas son lanzas y alfanjes, que usan también todos los demás. Estos indios Pegüenches corren hasta la Cordillera Nevada, por la parte del poniente, y por la parte del sur comercian con los Césares o españoles.

9) Caminando siempre por el mismo rumbo, cosa de treinta leguas (167 km) más o menos, se encuentran otros indios, llamados Puelches. Estos indios son muy altos y corpulentos, y tienen los ojos muy pequeños: son tan pocos, que no llegan a seiscientos, y son también muy parciales y amigos de los españoles, con quienes desean tener siempre trato. Esta gente está a la boca de un valle muy grande, de donde sale un río muy caudaloso, llamado el río Hondo, el cual es criadero. Dicho río Hondo nace de la falda de unos cerros colorados muy ricos, pasados de oro, y mucho cobre
campanil, que es la madre de dicho oro en grano. Estos indios tienen su cura o párroco; el cual depende del Obispo de Chile, siendo los más de ellos cristianos.

10) Prosiguiendo siempre al propio rumbo del sur, se encuentra, como a distancia de tres leguas, otro río que llaman el río del Azufre (16km), por tenerlo en abundancia; y este río, nace de la raíz de un volcán. Caminando el mismo rumbo, como cosa de treinta leguas (167 km) o algo más, se encuentra otro río grande, muy ancho, y muy apacible en sus corrientes; este río nace en
la Cordillera de un valle grande espacioso, y muy alegre, en donde están y habitan los indios Césares. Es una gente muy crecida y agigantada, tanto, que por el tamaño del cuerpo no pueden andar a caballo sino a pie. Estos indios son los verdaderos Césares; que los que vulgarmente llaman así, no son sino españoles, que anduvieron perdidos en aquella costa, y que habitan junto al río que sale del valle, en las inmediaciones de los indios Césares; y por la cercanía que tienen a esta nación, les dan vulgarmente el mismo nombre, no porque en la realidad lo sean. Estos indios Césares es gente mansa y apacible: las armas que usan son flechas grandes, o arpones, con que se guarecen y matan la caza, que son los guanacos que hay abundantes en aquellas tierras. También usan estos indios de la honda con que tiran una piedra con gran violencia; y estos indios son los que trabajan en los metales de plomo romo, y lo funden a fuego; y el modo que tienen de fundir así los metales como el plomo, es diferente del nuestro, porque nosotros los españoles lo fundimos en hornillos, y ellos lo funden en otra fábrica que llaman guayras. En el dicho valle grande y espacioso, donde habitan estos indios Césares, hay un cerro grande muy alto y derecho, y al pie de este cerro, se encuentra un cerrillo negro muy relumbrante, que parece tener metal de plata, y es de piedra imán, muy fina, y hay piedras del tamaño de tres cuartas; y si se buscase, se hallarían más grandes; que es cosa de admiración. Estos indios no trabajan sino en este metal, por ser suave y blando, y no explotan los otros metales ricos de plata: lo uno, porque no los saben fabricar, y lo otro porque no hay azogue, y por esta causa no hacen aprecio de metales más ricos, aunque hay muchísimos.

11) Saliendo de adentro del dicho valle, por la orilla del río grande, como cosa de 6 leguas abajo, se halla el paso, o portezuela por donde llegan los españoles que habitan de la otra parte del río, con sus embarcaciones pequeñas, que no tienen otras; y como cosa de tres leguas más abajo, se halla el paso por donde vadean los de a caballo, por el tiempo de cuaresma, como tengo referido, por estar lo más del año muy crecido el dicho río.

(Descripción de la ciudad de los españoles)

Esta ciudad, que llaman la Ciudad Encantada, está en la otra parte de dicho río grande que he referido, poblada en un llano, y fabricada más a lo largo que en cuadro, casi en la misma planta que la de Buenos Aires. Tiene esta ciudad muy hermosos edificios de templos, y casas de piedra labrada, y bien tejadas al uso de nuestra España. En las más de ellas tienen los españoles indios cristianos para la asistencia de sus casas y haciendas, a quienes los propios españoles, con su educación han reducido a nuestra Santa Fe Católica.

Tiene dicha ciudad, por la parte del poniente y del norte, la Cordillera Nevada, en la cual han abierto dichos españoles muchísimos minerales de oro y de cobre, y están continuamente explotando dichos metales. También tiene esta ciudad, por la parte del sur hasta el oriente, dilatadas campañas, donde tienen los vecinos y habitadores sus estancias de ganados mayores y menores, que son muchísimos; y para su recreo, con mucha abundancia de todo género de granos y hortaliza: adornadas dichas heredades, con sus alamedas de diferentes árboles frutales, que cada una de ellas es un paraíso.

Solo carecen de viñas y olivares, por no tener sarmiento para plantarlos. También tienen por la parte del sur los habitadores de esta ciudad, cosa de dos leguas poco más, la mar vecina, de donde se proveen de rico pescado y marisco para el mantenimiento de todo el invierno. Y finalmente, por no ser molesto en esta descripción, digo que es el mejor temperamento, y más benévolo que se
halla en toda la América, porque parece un segundo paraíso terrenal, según la abundancia de sus arboledas, ya de cipreses, cedros, pinos de dos géneros; ya de naranjos, robles y palmas, y abundancia de diferentes frutas muy sabrosas; y es tierra tan sana que la gente muere de puro vieja, y no de enfermedades, porque el clima de aquella tierra no consiente achaque ninguno, por ser la tierra muy fresca, por la vecindad que tiene de las sierras nevadas. Solo falta gente española para poblarla, y desentrañar tanta riqueza, que está oculta en aquel país; por lo que ninguno se admire de cuantos a sus manos llegase este manifiesto, porque todo lo que aquí va referido, no es ponderación, ni exageración alguna, sino la pura verdad de lo que hay y es, como que yo mismo lo he andado, lo he visto y tocado por mis manos. Tiene de jurisdicción dicha ciudad 260 leguas, más que menos, etcétera.

 

1563: Juan Jufré, teniente del gobernador Francisco Villagra, envía una expedición desde Cuyo para reconocer la provincia de Trapananda o los Césares

1583: Expedición de Lorenzo Bernal del Mercado, con el auspicio del gobernador de Chile Alonso de Sotomayor

1604: Expedición de Hernando Arias de Saavedra, que saliendo de Buenos Aires llega hasta el río Negro

1619: Cosme de Cisterna, gobernador de Chiloé, envía una expedición de reconocimiento con el objeto de averiguar la existencia de los Césares

1621: Expedición de Diego Flores de León llega hasta el lago Nahuelhuapi

1622: Expedición de Jerónimo Luis de Cabrera desde Córdoba. Un levantamiento indígena lo obliga a regresar a las alturas del río Negro

1669-1673: Expediciones del jesuita Nicolás de Mascardi por la Patagonia austral. En su largo periplo, cruza cuatro veces la cordillera de los Andes y llega hasta el estrecho de Magallanes sin encontrar rastros de la Ciudad de los Césares. En 1673 muere asesinado por los indígenas, tras fundar una misión en el lago Nahuelhuapi

1674-1676: Expediciones de Manuel Gallardo y Antonio de Vea a los archipiélagos australes, en busca de asentamientos o barcos enemigos

1703: El jesuita Felipe de la Laguna refunda la misión de Nahuelhuapi, punto estratégico para las comunicaciones entre Chiloé y Chile central

1707: Silvestre Antonio Díaz de Rojas presenta a la corte en Madrid un Derrotero camino cierto y verdadero desde la ciudad de Trinidad, puerto de Buenos Aires, hasta la ciudad de los españoles que vulgarmente llaman la Ciudad Encantada, acompañado de una Descripción de la Ciudad de los Españoles

Derrotero a la Ciudad de los Césares de Silvestre Antonio Roxas (1707)

Estudiaremos ahora el viaje de Silvestre Antonio Roxas, que da un itinerario bastante preciso a la Ciudad de los Césares y que hemos reconstruido aqui.

Tomaremos el valor de la Legua en 5,572 kilómetro o 5.572 metros, que es su valor habitual en tierras españolas. Debe tenerse en cuenta que los intinerarios en tierras pampeanas no son en línea recta, sino que normalmente siguen los caminos indígenas que van buscando las aguadas. También debe tomarse en cuenta que muchos rios mencionados, esteros y lagunas han desaparecidos por
la acción del hombre como las famosas lagunas de Guanacache en Mendoza que hoy son un desierto.

“Derrotero De un viage desde Buenos Aires á los Césares, por el Tandil y el Volcan, rumbo de sud-oeste, comunicado á la corte de Madrid, en1707, por Silvestre Antonio de Roxas, que vivió muchos años entre los indios Peguenches”.

1. Los Indios de esta tierra (Buenos Aires) se diferencian
algo en la lengua de los Pampas del Tandil ó del Volcan.

2. Dirigiéndose al sud-oeste hasta la sierra Guamini, que
dista de Buenos Aires ciento y sesenta leguas (891 km) , se
atraviesan sesenta leguas de bosques (334 km), en que
habitan los indios Mayuluches, gente muy belicosa, y
crecida, pero amiga de los españoles.

3. Al salir de dichos bosques se siguen treinta leguas de
travesía (167 km por “travesía” significa por “desierto”), sin
pasto ni agua, y se lleva desde el Guamini el rumbo del
poniente (oeste).

4. Al fin de dicha travesía se llega á un rio muy caudaloso y
hondo, llamado de Las Barrancas (Actual Rio Extinto
Desaguadero de La Pampa): tiene pasos conocidos por
donde se puede vadear.

5. De dicho rio se siguen cincuenta leguas al poniente (279
km al oeste), de tierras estériles y medanosas, hasta el rio
Tunuyan. Entre los dos rios habitan los indios Picunches,
que son muchos, y no se extienden sino entre ambos rios.

6. De dicho rio Tunuyan, que es muy grande, se siguen
treinta leguas (167 km) de travesía, por médanos ásperos,
hasta descubrir un Cerro muy alto, llamado Payen. Aquí
habitan los indios Chiquillanes. Dicho cerro es
nevado, y tiene al rededor otros cerrillos colorados de vetas
de oro muy fino; y al pié del cerro grande uno pequeño, con panizos
como de azogue, y es de minerales de cristal fino.

7. Por lo dicho resultan, hasta el pié de la Cordillera, 330
leguas de camino: y las habrá á causa de los rodeos
precisos para hallar las aguadas y pasos de los rios.

8. Pero por un camino directo no puede haber tantas, si se
considera que desde Buenos Aires á Mendoza hay menos
de 300 leguas, abriendo algo mas el rumbo desde aquí casi
al poniente con muchas sinuosidades; y el Payen, segun el
rumbo de la Cordillera, queda al sur de Mendoza.

“Prosigue el derrotero al sur, costeando la Cordillera hasta el Valle de los Césares”.

9. Caminando diez leguas (56 km) , se llega al rio llamado
San Pedro, y en medio de este camino, á las cinco leguas
(28 km) , está otro Rio y Cerro, llamado Diamantino, que
tiene metales de plata y muchos diamantes. Aquí habitan
los indios llamados Diamantinos, que son en corto número.

Nota: es decir a 5 leguas (28 km) del Payen está el Río Diamantino primero y 5 leguas después el Rio San pedro

10. Cuatro leguas mas al sur (22 km) , hácia el Rio llamado
de los Ciegos, por unos indios que cegaron allí en un
temporal de nieve, habita multitud de indios, llamados
Peguenches. Usan lanza y alfange, y suelen ir á
comerciar con los Césares Españoles.

11. Por el mismo rumbo del sur, á las treinta leguas (167
km) , se llega á los indios Puelches, que son hombres
corpulentos, con ojos pequeños. Estos Puelches son pocos,
parciales de los españoles, y cristianos reducidos en
doctrina, pertenecientes al Obispo de Chile. En la tierra de
estos Puelches hay un Rio hondo y grande, que tiene
lavadero de oro.

12. Caminando otras cuatro leguas (22 km) hay un Rio
llamado de Azufre, porque sale de un cerro ó volcan, y contiene azufre.

13. Por el mismo rumbo, á las treinta leguas (167 km) , se
halla un rio muy grande y manso, que sale á un valle muy
espacioso y alegre, en que habitan los indios Césares. Son
muy corpulentos, y estos son los verdaderos Césares.
Es gente mansa y pacífica; usa flechas, ó arpones grandes,
y hondas, que disparan con mucha violencia: hay en su tierra
muchedumbre de guanacos que cazan para comer.
Tienen muchos metales de plata, y solo usan del plomo
romo, por lo suave y fácil de fundir. En dicho valle hay un
cerro que tiene mucha piedra iman.

Pocos años despues que anduvo el autor en aquella tierra,
los indios Puelches se amotinaron, y mataron al doctrinero
Jesuita (se Refiere al padre jesuita Mascardi y la
destrucción de su Reducción en el Lago Nahuel Huapi).

No se sabe si fueron muchos los culpados, pero sabiendo
que entraba gente de Chiloé á castigarlos, desampararon
su reduccion, y se huyeron: de modo que la expedicion de
Chiloé no tuvo mas efecto que haber averiguado dicha
huida”.

14. Desde dicho valle, costeando el rio, á las seis leguas
(33 km), se llega á unpontezuelo, á donde vienen los
Césares españoles que habitan de la otra banda, con sus
embarcaciones pequeñas (por no tener otras), á comerciar
con los indios.

15. Tres (16 km) leguas mas abajo está el paso, por donde
se vadea el rio á caballo en tiempo de cuaresma, que lo demas del
año viene muy crecido.
16. En la otra banda de este rio grande está la ciudad de
los Césares españoles, en un llano poblado, mas á lo largo que al
cuadro, al modo de la planta de Buenos Aires.
Tiene hermosos edificios de templos, y casas de piedra
labrada y bien techadas al modo de España: en las mas de
ellastienen indios para su servicio y de sus haciendas. Los
indios son cristianos, que han sido reducidos por los dichos
españoles.

A las partes del norte y poniente, tienen la Cordillera
Nevada, donde trabajan muchos minerales de oro y plata, y
tambien cobre: por el sud-oeste y poniente, hácia la
Cordillera, sus campos, con estancias de muchos ganados
mayores y menores, y muchas chácaras, donde recogen
con abundancia granos y hortalizas; adornadas de cedros,
álamos, naranjos, robles y palmas, con muchedumbre de
frutas muy sabrosas. Carecen de vino y aceite, porque no
han tenido plantas para viñas y olivares.

A la parte de sur, como á dos leguas está la mar, que los
provéen de pescado y marisco.

El temperamento es el mejor de todas las Indias; tan sano
y fresco, que la gente muere de pura vejez. No se conocen
allí las mas de las enfermedades que hay en otras partes;
solo faltan españoles para poblar y desentrañar tanta
riqueza. Nadie debe creer exageracion lo que
se refiere, por ser la pura verdad, como que lo anduve y
toqué con mis
manos. (Firmado.)— “Silvestre Antonio de Roxas.”

NOTA: Roxas hace una distinción entre “Indios Césares” y los “Césares Españoles”, lo cual lleva a pensar en una posible convivencia entre descendientes de Mitimaes y “Césares Españoles”

Conclusiones a la Ruta de Roxas:

la “Ciudad de los Césares” que encontró Roxas (sus ruinas) debe ser buscada en los alrededores de las Actuales Represas del Chocón y de Piedra del Aguila

Comentarios sobre Silvestre Roxas y otros Agregados .

Dicho Silvestre se embarcó para Buenos Aires en los navíos de don José Ibarra, el año de 1714. La copia de su carta o memorial está autorizada por don Francisco Castejón, secretario de Su Majestad en la Junta de guerra del Perú, con fecha de 18 de mayo de 1716, para remitirla al Presidente de Chile, de orden del Rey. Los más tienen por falso lo que contiene dicho informe.

No me empeño en justificarlo; pero me inclino a que es cierto lo principal, de haber tal ciudad de españoles, más hacia Buenos Aires, o el estrecho de Magallanes, y lo fundo en las razones siguientes. La primera es, que el autor, después de referir al Rey su historia, asegurando que los Pegüenches lo cautivaron en la campaña de Buenos Aires, yendo a una vaquería con un don Francisco Ladrón de Guevara, a quien y a su comitiva mataron dichos indios, añade, que el haber salido de entre ellos, estimulado de su conciencia para morir entre cristianos, y restituirse a su
patria, dejando las delicias del cacicazgo, fue también para informar de dicha ciudad al Rey nuestro señor, lastimándose mucho de la poca diligencia que para su descubrimiento hicieron en los tiempos pasados los ministros, a quienes los reyes, sus antecesores, le habían encargado.

Silvestre Antonio de Roxas no es nombre supuesto; porque don Gaspar Izquierdo afirma que lo conoció en Cádiz, en tiempo que le comunicó en substancia lo mismo; y se lamentaba del poco caso que se había hecho de materia tan importante. Que el dicho Roxas, aunque fue pobre de Buenos Aires, con dinero que heredó de un hijo suyo en Sevilla, había comprado armas con que armar una
compañía de soldados de a caballo para el dicho descubrimiento, y las volvió a vender. Que no era imaginario dicho informe, se deduce de que su copia simple me la prestó en Chile don Nicolás del Puerto, General que fue de Chiloé, quien me afirmó, que, en virtud de este informe, se escribió a los Césares, el año de 1719, por un señor oidor, de quien era amanuense dicho don Nicolás, y por orden de aquella Real Audiencia, una carta que un indio ofreció levar, y volver con la respuesta. Esta carta yo la vi, cuando el tal indio estuvo en esta ciudad de Buenos Aires a pedir a su Señoría algún socorro de caballos, que no se les dieron, y solo se le ofreció regañarle si conseguía carta de los Césares, y la traía a su Señoría antes de llevarla a Chile. Que el dicho indio fuese embustero, es posible; pero don Nicolás del Puerto cree que lo mataron los indios Puelches, u otros; porque en la entrada que se hizo de Chiloé por el alzamiento de dichos Puelches, pareció en poder de un indio no conocido, la carta referida, que él reconoció en Chiloé por ser de su letra.

También me informó dicho don Nicolás del Puerto, que en ocasión de hallarse en Chiloé, y en el estrecho de Magallanes, en un brazo de mar que entra tierra adentro, sacando los españoles de un navío que se le perdió, un indio de aquella tierra, a quien tomó afición, le comunicó, con gran encargo del secreto, que por esta parte de la Cordillera había un pueblo de españoles; pero que los
indios no querían que se supiera, y que si sabían que él lo había descubierto a algún español, lo matarían sin duda. Dicho don Nicolás del Puerto me hizo relación de que este indio aseguraban que aquel brazo de mar se juntaba a otro, que cree ser el estrecho de Magallanes, por donde fácilmente se podía navegar a dicho pueblo de españoles.

b Añade el mismo don Nicolás, que los vecinos de Chiloé desean hacer el descubrimiento, sin embargo de lo necesario que sería rodear en la Cordillera para hallar un camino; pero que solo lo impide su mucha pobreza; y que le parece que se empeñarían en 2 ó 3000 pesos, si se les anticiparan para los avíos del viaje.

Las tradiciones que hay en Chile, de lo que declararon allí dos hombres que salieron de dicho pueblo, a los 30 años de fundado, acreditan que no es fábula, y se conforman con el derrotero de Silvestre Antonio de Roxas. Porque dicen, que habiéndose perdido el navío en la altura de 50 grados, salieron a tierra con lo que pudieron salvar y cargar; y caminaron seis u ocho días al nordeste, hasta un paraje, donde se asentaron y poblaron, por haber sujetado allí, y rendídoseles más de tres mil indios con sus familias.

Y suponiéndose, por vía de argumento, que declinaron uno y medio grados del polo, quedaron en 48½ de la equinoccial. Buenos Aires está en 34 grados, 36′ y 39″, la diferencia es 13 grados 53′ y 21″, que por ser el rumbo de nordeste al sudoeste, con poca diferencia, viene como un tercio, y habría de distancia 31 grados, leguas poco más omenos. Si se atiende a las 43 leguas que Silvestre Antonio de Roxas pone desde el Payén hasta los Césares, caminando de norte a sur, con los 33 grados que refiere hay de Buenos Aires al Payén, no se diferencia mucho de lo que tendrá la mitad del camino, y de lo que aumenta el rumbo del poniente: porque lo demás que cae en las pampas, alejándose del sud-oeste, que es como quien endereza al mismo estrecho, queda del camino de dicho derrotero cerca de la mar, otro tanto cuanto hay por el cabo de San Antonio en la boca del Río de la Plata.

También se ignora si después mudaron dichos dos hombres su población más al nordeste, porque entonces quedarían más cerca de Buenos Aires de lo que estaban al principio. También se conforma la distancia que hay desde Mendoza hasta el cerro de Payén, con el viaje que hizo aldescubrimiento de dicho cerro, el año de 1701, don NicolásFrancisco de Reteña; siendo corregidor de Mendoza; que los que fueron con él regulaban en menos de 150 leguas algunos, y otros en más; estando como está Mendoza al norte de los Césares, distaré 250 leguas de ellos.

En dicho año de 1701, entrando don Juan de Mayorga a recoger ganado desde la Punta del sur, estando muy tierra adentro, se infiere llegaría hasta cerca de 100 leguas de los Césares. Aseguran en Mendoza, que fue a buscarle un indio de aquellas cercanías, trayéndole dos caballos ensillados a la jineta, y dijo eran de dos caballeros que habían salido de los Césares en busca de españoles, y que los indios de la facción, de que era cacique, inadvertidamente los habían muerto.

Fuera de otras noticias confusas, que mal explicadas de unos en otros indios, han llegado en varios tiempos a Buenos Aires, este año de 1740, examinó con industria a un indio de los de la Cordillera de Chile, llamado Francisco, a quien los indios, que acá llamamos Césares, habían traído muy muchacho por esclavo. Preguntándole si era de las naciones Pegüenches o Puelches, o de qué nación; contestó, que lo sacaron de su tierra tan niño, que no se acuerda; sino que es muy tierra adentro, más allá de los Pegüenches y Puelches, haciendo la seña, como que es a la parte del sueste de los Puelches, y adentro de la Cordillera, que mira a Chiloé, aunque no sabe dar razón de dicho Chiloé.

Pero, preguntado si cerca de su tierra está la de los indios que llaman Césares, respondió, que estaban cerca de allí; pero más cerca de Buenos Aires. Y preguntado, si en su tierra oyó decir que cerca de los indios Césares había una población de españoles; contestó, en propios términos, que era cierto que había españoles, pero que estaban más acáde los indios Césares, hacia la mar, y que la gente de aquellos parajes, inmediatos a los Césares, tienen vacas y caballos, como los españoles de por acá.

Añadió dicho indio, que los indios de aquellas partes no quieren que se oiga que hay tales españoles. Este indio lo conocí mucho, por haberme servido en el viaje a Chile, a fines del año de 1738. Es de natural silencioso y sencillo, verídico en su proceder, y cuando diese tales respuestas de invención suya, mal podría acaso acertar en circunstancias concordantes con la relación del dicho Silvestre Antonio de Roxas; ni este, si fuese tan embustero, que hubiese en su fantasía fabricado su relación tan adecuada a las tradiciones y a la razón que da el dicho indio Francisco.

Se ha reparado en que Silvestre Antonio de Roxas no expresa en su informe qué modo de cristiandad, uso de sacramentos, y gobierno eclesiástico tienen los españoles Césares, ni qué república y leyes civiles observan; el vestuario y las armas que usan; obrajes y otras circunstancias que calla; ni lo que discurren de los otros españoles de estas partes, de que tal vez tendrán noticias tan dudosas y confusas como nosotros de ellos. Pero este reparo no me hace fuerza, considerando que dicho Roxas entraría por algún acaso a la tierra y ciudad de los Césares, como indio Pegüenche, disimulado de los otros indios, y atendió solo a lo visible, sin detenerse en tales particularidades; y por la relación tan sencilla que hace en su informe, se advierte que su cuidado se redujo a informara Su Majestad ser cierto que había tal ciudad de los Césares españoles.

Muchos, o los más creen imposible que sea cierta dicha relación, arguyendo que de serio hubieran salido dichos Césares en busca de otros españoles; pero se les responde que no es de maravillar esta omisión en ellos, cuando la nuestra es mayor en no haberlos procurado buscar, sabiendo que hay distancia cierta hasta la costa del mar, que corre desde el estrecho de Magallanes hasta la Bahía de San Julián, en cuyo intermedio es preciso que estén, sino es fabulosa su existencia: y que es de persuadirse quelos indios sus comarcanos les ponderarían que es imposible
llegar por entre naciones bárbaras, y caminos inaccesibles,a abrir comunicaciones con los demás españoles de estos reinos: porque la política de los indios, aunque bárbaros,
será engañarlos, para que no haya motivo de que los españoles los conquisten, y descubran las riquezas de que no quieren usar; lo que observan rigurosamente, solo por ocultarlas a los españoles: por conocer que ni dominación, ni comercio han sido la epidemia de infinidad de indios que habitaban antes las tierras, que al presente tienen pobladas los españoles.

También puede haber entre los tales Césares españoles la política natural de no descubrirse a quienes los domine, para que no alteren el modo de gobierno, y leyes municipales entre sí acordadas, con que puede ser estén bien hallados: pues la parcialidad entre ellos dominante, más querrá carecer de las utilidades que les podía proporcionar la sujeción al Rey de España, que decaer de la
autoridad, que pueden pensar establecida en su descendencia. Ni fuera temerario creer, que como lo hicieron los pocos que empezaron a restaurar de los moros el reino de Aragón, hayan dichos españoles Césares fundado alguna, aunque muy pequeña monarquía, con tales fueros y libertades de los súbditos, y limitaciones de la soberanía, que aborrezcan absolutamente en común la novedad del gobierno, y de las leyes a que no están acostumbrados. Y suponiendo que aunque haya 350 leguas por mar de aquí al paraje que señala dicho derrotero, se podría a poca costa
descubrir con un navío y una falúa en menos de tres meses de ida y vuelta, y salir de tantas dudas, no deja de ser notable el descuido que hay en esto: y aun cuando no fuese cierta la noticia de dichos Césares, podrían a la venida descubrir con una buena chalupa, las ensenadas y puertos que hay desde el Cabo de San Antonio al estrecho de Magallanes, y si los dos grandes ríos de las Barrancas y Tunuyán son navegables tierra adentro, con otras circunstancias que pueden ser muy importantes al servicio del Rey, y seguridad de esta parte de América: porque sin duda Su Majestad enviaría providencias para asegurar que en ningún tiempo cayesen en poder de extranjeros los puertos de San Julián, y otros que se descubriesen..

1716 – Camino de Vuriloche (actual Bariloche) entre Chiloéy la Misión de Nahuel Huapi. Carta del Padre Lozano. Capítulo de una carta, del Padre Pedro Lozano al Padre Juan de Alzola, sobre los Césares, que dicen están poblados en el Estrecho de Magallanes

Nota: aqui se habla de las Ciudades de los Césares de origen español

“Bien sé que en esta materia no faltan fundamentos que
absolverían mi juicio de la nota de temerario; pues aquí me
ha dicho el señor rector, que en su tiempo pasó por
Córdoba un flamenco que había salido de los Césares para
Chile, porque habiéndose perdido su navío, fue a dar a
aquella tierra, de donde lo llevó don José Garro a Europa.

Otros mozos se perdieron en la vaquería, y fueron a dar a
aquella laguna, en cuya orilla oyeron campanas. El año de
1512, salieron, según creo, por la Concepción, algunos de
dichos Césares, de los cuales uno entró en Chile en la
Compañía; y aun en Chile parece se ha tenido por muy
cierto que hay dichos Césares; pues aun el venerable Padre
Antonio Ruiz de Montoya, en un memorial que presentó a
Felipe IV, después de haber estado cuatro años en Madrid,
y en el que responde a nueve calumnias contra esta
provincia, rebatiendo la segunda, de que los padres ponen
mal a los españoles con los indios, en uno de los párrafos
en favor de los Padres, dice así: A los Césares pretendieron
conquistar los españoles.
Entraron con grandioso aparato por sus tierras; pero
escarmentados en los indios de Chile sus vecinos, no
quisieron recibir el yugo. Y no hubo allí religioso de la
Compañía, que les hablase mal e indujese a no recibir a los
que pretendían conquistarles. Tengo en mi poder dicho
memorial, que es de 11 hojas de a folio. Y el año de 1673,
entró desde Chiloé el venerable padre Nicolás Mascardi, en
busca de ellos; pero le martirizaron en el camino, y un
papel que habrá 6 años me dio el padre Rillo, dice así:
«El año de 1711, por invierno, cuando está cerrada la
Cordillera, salió a la ciudad de Chiloé, que cae de la otra
parte de la Cordillera hacia el estrecho de Magallanes, uno
de los Césares españoles, quien hizo relación de cómo en
un ángulo de la Cordillera, que cae de esta banda, están
situadas tres ciudades de españoles, de los navíos que se
perdieron en dicho estrecho de Magallanes, viniendo a
poblar estas Indias en tiempo de Carlos V; que por eso los
llaman Césares; (relación que dio un español anticuado),
las cuales tres ciudades quiso llamar a una, y la más
populosa, los Hoyos, la otra el Muelle, y la tercera los
Sauces”.

Distan según los cosmógrafos, y por relación del dicho, 160
leguas de la ciudad de Mendoza, 140 de la de San Juan Luis
de Loyola, 190 de la de San Juan, 286 de Buenos Aires. De
Chillán ciudad de la otra banda, de la Cordillera 130 leguas,
y 10 de Calbuco, lugar de los Aucaes Chilenos.
De manera que dichos Césares, según esta nueva relación,
caen tierra adentro, en el centro de la serranía, distante de
la costa de Magallanes lo que dichas ciudades, de la
provincia de Cuyo, poco más o menos, según ellas distan
de la dicha costa.

Por la parte del norte, donde está Mendoza, circunda a
dichos Césares una laguna de muchas leguas, la que les
sirve de fortificación y muro contra las invasiones de los
indios caribes, como son los Puelches, Muyuluques y otras
naciones. Con algunas tienen contratadas embarcaciones,
cambiando a los indios mieses, trigos, legumbres, y ropas,
por vacas que pasan embarcadas por la laguna. No tienen
otro metal que el de la plata, de que gozan en abundancia,
y de él fabrican rejas de arado, cuchillos, ollas, etcétera.
Este hombre César salió a una nación de indios, que
llaman, Cumas de Chiloé, y de allí lo dirigieron a dicha
ciudad. Salió a pie, que no usan caballos, como las demás
naciones de indios de aquellas serranías. Entrose en la
compañía de dichos, en la provincia de Chile, y hoy es
coadyutor.

En este mismo año de 1711, el General don Juan de
Mayorga, vecino de Mendoza, sin tener noticia de la salida
de dicho César, por estar cerrada la Cordillera, hizo y juntó
gente en dichas tres ciudades de la provincia de Cuyo, por
mandado del Gobernador y Presidente de Chile, don Juan
Francisco Uztariz, y entró por el mes de setiembre de dicho
año a descubrir dichos Césares, con una guía española, que
los indios habían cautivado en las vaquerías; y habiendo
este tenido noticia cierta de los Césares, por haberlos visto
de lejos (aunque no se comunicó con ellos, porque los
indios lo impedían), huido de su poder, dio esta noticia a
dicho General Mayorga, quien pidió licencia a su Presidente
para esta entrada.

Y habiendo entrado, como llevo dicho, y dado la primera
batalla a los indios, en el camino (donde tomó 200 piezas
de las familias de los indios, mató hasta 30 indios
guerreros, y apresó algunos), se le amotinó la gente
española, diciendo, que los iba a entregar a la muerte, y
hacerlos despojos de los bárbaros, y con esto se volvió sin
efecto.

Y habiendo dado tormento a un indio gandul de los
apresados, para que confesase lo que sabía de los Césares,
dijo, que sabía eran españoles, y que así los llamaban ellos:
y por ser de esta parcialidad, que los había visto, y que
siete caciques con siete parcialidades estaban esperando a
dicho General y su gente, más acá de la sierra, para
matarle con todos los suyos, debajo de palabra de amistad.

Hasta aquí dicho papel, que, como dije, me dio el secretario
Rillo, y que parece sea de letra del célebre Padre Lezana,
Pero sea de quien se fuere, lo cierto es que, aunque no tan
menudo en lo que refiere, discrepa poco en la substancia
del de Villaruinas. Y que no se hayan hallado en tanto
tiempo los Césares, no es prueba de que no los hay, como
no lo fuera de que no había Canarias, porque no se
hubiesen descubierto hasta los años de 1200; ni que no
había Indias, el no haberse descubierto hasta los tiempos
de Fernando el Católico; ni que no había Batuecos, el no
haberse descubierto hasta el reinado de Felipe II, y esto
estando en el riñón de España. Con todo eso yo no lo creo,
y solo envié dicho papel, como antes dije a, Vuestra
Señoría Reverendísima, para que se entretuviese en el
viaje, para lo cual cualquier patraña sirve pero esta no deja
de tener su apariencia de verdad”. Pedro Lozano.

1718: Nueva y definitiva destrucción de la misión de Nahuelhuapi

1740: Un vecino de Chiloé se interna en la cordillera en busca de la ciudad encantada, sin regresar ni encontrarse rastros de él

1746 – Carta del Padre Jesuita José Cardiel, escrita al Señor Gobernador y Capitán General de Buenos Aires, sobre los descubrimientos de las tierras patagónicas, en lo que toca a los Césares (11 de agosto de 1746) Señor Gobernador y Capitán General.

Nota: en este relato se habla de los “Césares” que NO hablaban español

“Me alegraré que Vuestra Señoría se halle con la cabal
salud que mi deseo le solicita para universal bien de estas
provincias. Estando en esta nuestra estancia de Areco,
retirado de la misión de españoles, que no pude proseguir
más que por 15 días, a causa de la defensa o guerra contra
los indios, he recibido respuesta de mi Provincial a la carta
que le escribí recién llegado del viaje del mar, enviándole
el diario del viaje, y pidiéndole que informase al Consejo
Real sobre el celoso y eficaz porte de Vuestra Señoría
acerca de dicho viaje.

Contiene la respuesta tres puntos: en el primero me dice estas formales palabras:

«Haré lo que dice el señor gobernador, de escribir al Consejo, como
Su Señoría lo merece, por su celo y eficacia en servicio de
Dios, y del Rey; que quizá si no hubiese sido por él, nada se
hubiera hecho. Yo me alegrara mucho de poder servir a
Vuestra Señoría en cosas de mayor monta; pues además
de otros títulos milita en mí el de paisano».

En el segundo me pide, que ruegue a Vuestra Señoría me
de una certificación firmada de los gastos que los tres
Padres hemos hecho en el viaje, porque así conviene.
Ruego a Vuestra Señoría, me haga este favor, como de su
benevolencia lo espero: podrá venir esta certificación con
el que lleva esta carta, enviándola para eso al Colegio.

En el tercero me dice, atendiendo a mis deseos, que:
«luego que halle coyuntura emprenderá el viaje del Volcán,
que es sierra distante de Buenos Aires como cien leguas al
sud-oeste; para ver si allí hay forma y paraje a propósito
para formar un pueblo de indios serranos, que los Padres
del de los Pampas tienen apalabrados; y penetrar desde allí
a los célebres Patagones y Césares, hasta el estrecho de
Magallanes.

Porque habiéndose frustrado esta empresa por
mar, por lo inhabitable de sus costas, como hemos visto,
dice que no halla otro modo para esta tan famosa -12-
misión, por tantos años pretendida por el ánimo real, y del
nuestro, sino principiando por dichos serranos, y
prosiguiendo por sus inmediaciones a los inmediatos».

Larga y tarda empresa, por cierto, si así se toma: más
pronta y eficaz la espero yo por la actividad, y celo
cristiano y real de Vuestra Señoría, especialmente si
Vuestra Señoría considera bien lo que aquí dice. Sabido es
que el Papa, como vicario de Cristo en la tierra, entregó al
Rey Católico la América con sus islas, haciéndole tutor de
todos sus habitadores, para que como tal procurase su
reducción al cristianismo, con su poder, y con el ejemplo de
sus vasallos.

Penetrado Su Majestad de esta obligación, no
cesa, por espacio de tres siglos, de hacer lo posible en
cumplirla, ya despachando continuas cédulas a los virreyes
y gobernadores, exhortándoles a lo mismo, y
prometiéndoles favores a los que se esmerasen en este tan
cristiano celo; ya premiando colmadamente a los que en
este punto se han adelantado, como se puede ver en las
historias de este Nuevo Mundo; ya enviando
continuamente ministros evangélicos a su costa, y
señalando en casi todas las provincias buen número de
soldados que les sirvan de escolta en sus ministerios. Pues
además de los muchos que tiene pagados para esto en
Filipinas, Marianas y Méjico, en solo la provincia del Nuevo
Reino, que comprende solamente desde Panamá hasta el
reino de Quito, tiene pagados exclusivamente para este
intento cuatrocientos soldados, con sus cabos respectivos,
y con sueldo mayor que el de Buenos Aires: y en Buenos
Aires tiene pagados para lo mismo cincuenta con su
capitán; especificando que hayan de ser para escolta de los
Padres jesuitas de la misión de Magallanes y Patagones,
que es de aquí al Estrecho.

Todos estos soldados, de todas estas provincias, son para solos los misioneros jesuitas, y
no de otra religión. Los cincuenta, de esta ciudad de
Buenos Aires los señaló Su Majestad desde el año de 1684,
de que no dejará de haber cédula en ese archivo; y manda
Su Majestad que vayan siempre a obediencia de los
misioneros. Así lo refiere don Francisco Xavier Xarque, deán
de Albarracín, en la historia que escribió de los misioneros
del Paraguay, y lo mismo manda que se efectúe en las
demás provincias.

Acerca de estas tierras de Magallanes, ha puesto Su
Majestad especial empeño; pues habrá poco más de
cuarenta años, que envió una misión entera para estas
tierras, y en ella venían padres escogidos, de tierras frías,
para que mejor pudiesen aguantar los fríos de hacia el
Estrecho. Una Condesa se hizo protectora especial de esta
misión, dio varias alhajas para ella, que están todavía
depositadas; y el altar portátil, que en este viaje marítimo
hemos llevado, es uno de estos dones. Comenzose a
disponer el viaje, señaláronse soldados, buscábanse
víveres, y cuando no faltaba más que caminar, lo deshizo
todo el enemigo común, por intereses particulares de
algunos. No era vizcaíno el Gobernador, ni tenía brios,
eficacia, ni empeño, de tal; que si los tuviera, poco hubiera
podido Satanás.

Hasta ahora han estado todas esas miserables naciones en
manos del demonio, cayendo cada día al infierno. ¿Qué
corazón cristiano lo podría sufrir, y siendo próximos
nuestros redimidos con la sangre de un mismo Rey y
señor?

Basta un rastro de cristiandad, sin ser necesario ser recoleto,

para mover a compasión a cualquiera, haciéndole

poner los medios posibles para ello; especialmente a los
que tienen autoridad y poder para hacerlo. Nuestros
padres, así de Chile, que es otra provincia, como de aquí,
han empleado varios arbitrios; pero como para ello es
menester el brazo seglar, y este ha faltado, también han
faltado ellos. Acerca de estas tierras hay más especiales
motivos, que acerca de otras, para procurar su conquista,
así espiritual como temporal: porque además de haber
tierra adentro, naciones de indios labradores, según se
tiene noticia de los de a caballo comarcanos, y también de
a pie; estas dos calidades de ser labradores, y de a pie,
son, según nos muestra la experiencia, más favorables
para recibir el Evangelio, que si fuesen de a caballo, o
vagabundos sin sementeras, que es casi imposible el
convertirlos.

Además de esto digo, que hay graves
fundamentos para creer que hay también poblaciones de
españoles, y quizás con algunas minas de oro y plata, lo
cual ha dado motivo a la decantada ciudad de los Césares.

Los fundamentos son estos:

1) el suplemento a la historia de España por Mariana, y los
mapas modernos dicen, que el año de 1523, entraron por
el estrecho de Magallanes, cuatro navíos españoles: los
tres se perdieron en el Estrecho, y el cuarto pasó a Lima.

2) En 1526, fue la flota de Molucas: pereció en el Estrecho,
la capitana, y las demás pasaron a dichas islas.

3) En 1535, entraron en dicho estrecho algunos navíos,
amotinose allí el equipaje, y los hicieron naufragar.

4) En 1539, entraron otros tres navíos: el primero naufragó,
el otro volvió de arribada, y el tercero pasó.

5) Después, (no dicen en qué año) don Pedro Sarmiento
llegó al Estrecho con cuatro navíos para poblar, y hacer
escala de los demás, como ahora pretendíamos nosotros.

Antes del Estrecho, a la entrada, formó una población con
el nombre de Jesús; y en ella dejó 150 hombres de
guarnición. Más adelante, en el centro del Estrecho, echó
los fundamentos para una ciudad, con el nombre de San
Felipe.

Todos dicen que en varios parajes del Estrecho hay
leña y agua dulce, y por eso haría allí esas dos poblaciones;
las cuales cosas no se encontraron en las costas, antes del
Estrecho en los puertos que hay: que si se encontraron con
pastos y tierra de sembrar, yo juzgo que hubieran
sembrado los españoles. Pobló, pues, Sarmiento estos dos
parajes, y a poco tiempo, por las muchas calamidades, frío,
hambre, y no venirle socorro, se volvió, a España. Esto dice
dicho suplemento y los mapas. ¿Qué se hizo, pues, de toda
esta gente, que en tantos navíos se perdió? ¿Se ahogó
toda?

No por cierto, porque el Estrecho es muy angosto en
partes: dicen aun los modernos que es de sola media
legua, y por esto es cosa fácil el salvarse los naufragantes.
Cuentan que de tres navíos, habiéndose perdido los dos, y
volviendo el uno, vio este a toda la gente en la orilla; que
aunque le pedían que los llevase, no se atrevió a ello por
falta de víveres y de buque, y con toda la gente de los
demás navíos perdidos sucedería lo mismo.

Presúmese, pues, que toda esta gente habrá emparentado
con los indios, y tendrán sus poblaciones a trescientas o
cuatrocientas leguas de aquí.

El que no se haya descubierto en tanto tiempo, no me hace
fuerza; pues las Batuecas, en medio de España tan poblada
por todas partes, estuvo tantos centenares de años, o sin
descubrirse o con muy poca o dudosa noticia de que
hubiese tal gente. Y pocos años ha, en medio del reino de
Méjico, mucho más poblado de cristianos que estas partes,
se descubrió una nación hasta política, de quien existían
varias dudas de si la habría o no. Y más arriba de la Nueva
Vizcaya y del Nuevo Méjico, en donde los mapas antiguos
ponen la gran ciudad de Quiriza, de quien se decían tantas
o más ponderaciones que las que se hacen de los Césares,
y a cuya empresa o conquista fueron tropas españolas, y se
volvían cansados de la dificultad, diciendo que estaba
encantada (vulgaridad que dicen luego para cohonestar su
falta de empeño y constancia), se descubrió la nación de
los Pitos, gente efectiva, que vive en ciudades con edificios
altos de suelos, y este es el encanto. Con que habiendo
aquí más dificultades que en lo dicho, no debe hacer fuerza
el que hasta ahora no se haya descubierto. Ni tampoco me
hace fuerza lo que dicen algunos, que si hubiera tales
Césares o poblaciones, era imposible que alguno de ellos
no hubiera venido acá: porque si ninguno de estas partes
ha penetrado más que doscientas leguas de aquí hasta el
río del Sauce, por las dificultades que se han ofrecido ¿qué
extraño es que ellos, teniendo menos medios, y quizás sin
caballos, no hayan podido penetrar hasta nosotros?

Pero vamos adelante, mostrando más fundamentos. En la
vida del santo padre Nicolás Mascardi se dice, que siendo
rector del Colegio de Chiloé, ahora 60 ó 70 años, viendo
que en el archivo de una ciudad de Chile había una relación
de dos españoles, en que decían que habían salido
huyendo del Estrecho por un homicidio que había sucedido
en una población de españoles que en dicho paraje había,
formada de la gente que se perdió en un navío que
naufragó, y cotejando con esta relación las noticias que
daban los indios, se determinó a ir en busca de ellos.
Encontró en el camino una nación de indios, harto dócil,
que le pidió el bautismo.

Pasó hacia el oriente. Salió al
camino un cacique, que le dio una ropilla de grana, un peso
de fierro, y un cuchillo con especiales labores en el puño, y
le dijo: has de saber, que tantas dormidas de aquí (así
cuentan las jornadas), hay una ciudad de españoles. Yo soy
amigo de los de esta ciudad. Por la voz que corre de indios
a indios, han sabido, que un sacerdote de los cristianos,
anda por estas tierras: desean mucho que vayas allá; y
para que creas que es verdad, me han dado estas señas.

El padre no pudo penetrar allá, ni ellos pudieron juntarse con
el padre por los indios enemigos. Envió dichas señas a
Chile, y allí conocieron el cuchillo por su especial cabo, y
dijeron que era del hijo del capitán tal (que no me acuerdo
del nombre), que años había se había perdido con su navío
en el Estrecho.

Pasó adelante, donde le dijeron otros indios, que de otra
ciudad habían salido en su busca dos españoles vestidos
de blanco, que era el traje que allí todos usaban; y que
llegando a una gran laguna, no pudieron pasar, y se
volvieron. Tampoco pudo penetrar acá el padre. Dijéronle
que más adelante había un muchacho, que había estado
algún tiempo en una de esas ciudades, y que sabía la
lengua de los cristianos: llegó allá el padre, dio con el
muchacho, y vio que sabía español, aunque pronunciaba
mal. Prosiguió en busca de esta ciudad, y otros indios más
bárbaros lo mataron: aunque otros dicen que los mismos
que lo guiaban por codicia de los abalorios que llevaba
para ganar la voluntad de los que encontraba. Eran su
escolta y su guía unos pobres indios traidores, como lo son
de genio. Después de la muerte de este padre, por las
noticias que de él se adquirieron, resultó el venir la misión
de que hablo arriba.

Hay más: un cristiano español o mixto, hizo una relación,
que anda por Buenos Aires, en que dice en suma, que
llevándole cautivo, o de otra forma, llegó a una de estas
ciudades, de que cuenta grandezas, y que en cierto paraje
antes de llegar, había un cerro de diamantes, y otro en otro
paraje de oro. Un corregidor del Perú, llamado Quirós o
Quiroga, cuenta en suma en su relación, que siendo de diez
años, estando en Amberes, se embarcó en un navío, y que
caminando por las costas de Magallanes, mucho antes del
Estrecho, y metiéndose con la lancha por un riacho,
saltando a tierra, dieron con él, el piloto, y todos los de la
lancha, unos hombres que los llevaron por tierra, y que
llegaron a una gran laguna; que allí los metieron en una
embarcación, y aportaron a una isla en medio de ella, en
donde había una gran ciudad e iglesia, donde estuvieron
tres días; que no entendían la lengua; y que al partir les
dieron dos cajoncitos de perlas, que se cogían en aquella
laguna.

Que por señas, y por nombrar Rey y Papa, entendieron que
les decían que era para ellos: que el piloto como hereje se
las llevó para sí; que cresciendo, y siendo ya mozo, dio
cuenta de todo al consejo, prometiendo señalar la costa del
riacho, por donde entraron; que le señalaron cuatro navíos;
y que suscitándose en este tiempo la guerra del Emperador
y Felipe V, se deshizo el viaje, por lo cual pretendió un
corregimiento, que consiguió en el Perú. Estas y otras
muchas cosas dice en su relación; y se asegura que murió
poco ha.

Añadese a esto lo que cuenta una cautiva, que llevada a
muy distantes tierras, hacia el sud-oeste, encontró unas
casas, y en ellas gente blanca y rubia; y que estando ella
muy alegre, juzgando ser gente española, se le ahogó todo
el contento, viendo que no les entendía palabra. Además
de esto los indios están continuamente diciendo, que hay
tales poblaciones, y muchos de ellos convienen en que, en
medio de una gran laguna hay una gran isla, y en ella
desde la orilla se ve una gran población, en la cual
descuella mucho una casa muy grande, que piensan ser
iglesia; y que otra pequeña está siempre echando humo, y
que desde la orilla se oyen tocar campanas: y dicen que
desde el volcán (de que hablé arriba) a donde dice, mi
Provincial «que yo vaya» hay solamente seis días de
camino, al andar de ellos, que es ligero. Estos y otros
fundamentos hay para creer que haya dichas poblaciones
en este vasto espacio de 400 leguas. Creo que estas
noticias están mezcladas con muchas fabulas, más
habiéndose perdido tantos navíos, no puede menos de
haber algo de lo que se dice, y que por algo se dijo, pues
que no hay mentira que no sea hija de algo. Lo de no
entenderse la lengua es muy factible; siendo aquella
población del español corregidor, y la otra de la cautiva, de
gente holandesa, o inglesa; que también dicen que se han
perdido en el Estrecho navíos holandeses.

La historia de Chile por el padre Ovalle trae algunos
naufragios de ellos; y también puede ser que algunos
españoles con el mucho tiempo, hayan perdido la lengua
española, usando la que aprendieron de sus madres indias,
con quienes se casaron los primeros. ¿Cuántos hay en el
Paraguay, que no saben la lengua española? ¿Y si se
conservaran los primeros españoles que se casaron con las
indias, sin que ningún europeo fuera allá, no se usara, ni se
sabría ya otra lengua que la del indio, y aun con tanta
mezcla de europeos, que cada día van allá, la lengua que
comúnmente se usa es la de los indios Guaranís, como en
Vizcaya la vascongada?

¡Oh cuánto me alegrara que
Vuestra Señoría, sin hacer caso de algunos que quieren
pasar por críticos y discretos, haciéndose incrédulos a todo,
pusiese todo empeño en averiguar ese punto, consiguiendo
con su eficacia lo que otros no han podido! ¡Cuán de veras
le serviría yo a Vuestra Señoría en cosa que puede ser de
tanto servicio de Dios, y del Rey! De Dios, pues si
encontráramos españoles, estos, sin sacerdotes tantos
años, estarán con muchos errores en la fe y las
costumbres, como el pueblo de las 400 casas, que dice el
clérigo agradecido Ordóñez, que encontró hacia Filipinas,
de un navío que había naufragado 70 años antes, que
tenían su cabildo e iglesia, a donde iban a rezar todos los
días de fiesta en lugar de misa por no tener sacerdotes.
Pero cada uno estaba casado con tres o cuatro indias,
diciendo que para multiplicarse, y poderse así defender de
los indios enemigos les era aquello lícito (¡qué de teólogos
hace la depravada naturaleza!), y tenían otros varios
errores. Sin hablar de la docilidad de los indios para el
cristianismo, que en tanta variedad de naciones se puede
encontrar.

Este descubrimiento se podrá hacer con 300 paisanos de
está gente estanciera, sin gastos reales; llevando cada uno
5 ó 6 caballos, y otras tantas vacas, pues esta gente no
gasta pan ni bizcocho. Con caballos y vacas todo tienen, y
con solo darles pólvora y bala, de 6 a 7 libras de cada cosa,
(pues muchos usan lanza) estaba hecho el gasto. Porque
hacha, barretas, azadas, palas para hacer pozos a falta de
agua, empalizadas para defensa de enemigos, etcétera,
todos llevarían de sus casas, y cueros para pasar ríos.
Si yo, que soy conocido por estas partes, viniera a cada
partido, y juntándome cada sargento mayor su gente, les
hiciera una exhortación, animándolos a la empresa,
poniéndoles delante los grandes bienes que de ella se
seguirían al servicio de Dios, del Rey, y aun el suyo propio,
por lo que se podría hallar de preciosidades a trueque de
cuentas de vidrio y otros abalorios, como las lograron los
que descubrieron a Méjico y al Perú, y en caso de no
hallarse esto, que los tendría Vuestra Señoría muy en la
memoria para sus aumentos; y más si con esto se les
leyese un papel en que Vuestra Señoría les hiciese estas
debidas promesas: si esto se hiciese, es factible, que sin
más aparato ni gastos, se conseguiría el intento.

El viaje debería hacerse por setiembre, porque de aquí
hasta el río del Sauce, por el verano, suele haber falta de
agua, y aun de pastos. Desde ahí hasta el Estrecho, dicen
los indios que en todas partes hay agua y pastos. Habría de
durar seis a ocho meses, si se registrara bien todo: y para
tantos meses eran menester cinco reses para cada uno, y
con cabos que fuesen de empeño (que si no son escogidos,
luego se cansarían), todo se conseguiría, y Vuestra Señoría,
además del premio que se le guardaría para la otra vida, lo
tendría grande del Rey nuestro señor. Nosotros acá no
buscamos sino la honra y servicio de Dios, de aquel gran
Señor, a quien no correspondemos, sino haciendo mucho
por Su Majestad, y con solo su honra y gloria estamos
contentos. Si a Vuestra Señoría no le agrada este proyecto,
o si no tuviere efecto el juntar la gente de este modo,
puede Vuestra Señoría discurrir otro con gastos reales, o
costa de particulares, que quieran entrar en la empresa.
En todo estoy a las órdenes de Vuestra Señoría, que Dios
guarde los años de mi deseo. Estancia de Areco, y agosto
11 de 1746. Besa la mano de Vuestra Señoría su más
afecto servidor y capellán.”

1763: Expedición de los jesuitas José García y Juan Vicuña a las costas de Aysén

1765: Los ingleses fundan el establecimiento militar de Port Egmont en las islas Malvinas

1766-1767: Expedición dl jesuita José García al archipiélago del Guayaneco

1767-1770: Nuevas expediciones a los archipiélagos australes, esta vez dirigidas por Cosme Ugarte y Francisco Machado, respectivamente

En este Mapa de Boweb de 1771 se señala a Trapalanda (una de las Ciudades de los Césares) justo en Tierra de Querandíes, dirección en la cual se dirigió Francisco César, originador de la “Leyenda” y del nombre de la misma.

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1774: Se publica la obra del jesuita Thomas Falkner, A description of Patagonia and the adjoining parts of South America…, la que causa alarma en la corona española

1774 – El capitán Ignacio Pinuer informa de la existencia de la Ciudad de los Césares, esta vez en la creencia que está habitada por los descendientes de los habitantes de Osorno que escaparon tras la destrucción de la ciudad – Césares de Chile. Relación de las noticias adquiridas sobre una ciudad grande de españoles, que hay entre los indios, al sud de Valdivia, e incógnita hasta el presente, por el capitán D. Ignacio Pinuer (1774)

1) Habiendo, desde mis primeros años, girado el poco
comercio que ofrecen los indios comarcanos, y las
jurisdicciones de esta plaza, me fui internando, y haciendo
capaz de los caminos y territorios de los indios, y
especialmente de sus exactos, como es constante a todos
los de esta plaza. Con este motivo tenía con ellos
conversaciones públicas y secretas, confiándome sus más
recónditos secretos, y contándome sus más antiguos
monumentos y hechos inmemoriales. Mas entre las varias
cosas ocultas que me fiaban, procuré adquirir noticias, que
ya, como sueño o imaginadas, oía en esta entre mis
mayores; y haciéndome como que de cierto lo sabía,
procuraba introducirme en todas, para lograr lo que
deseaba.

Tuve la suerte muchas ocasiones, que los sujetos de mayor
suposición entre ellos, me revelasen un punto tan
guardado y encargado de todos sus ascendientes; porque
aseguraban que de él pendía la conservación de su
libertad. Esta es la existencia de una ciudad grande de
españoles: mas no satisfecho con solo lo que estos me
decían, seguía el empeño de indagar la verdad.

Para ello cotejaba el dicho de los unos con los informes de
los otros, y hallándolos iguales, se me aumentaba el deseo
de saber a punto fijo el estado de aquella ciudad o reino
(como ellos lo nombran), y tomé el medio de contarles lo
mismo que ellos sabían, fingiéndoles que aquellas noticias
las tenía yo y todos los españoles por la ciudad de Buenos
Aires, comunicadas por los indios Pampas, picados de
haber tenido una sangrienta guerra con los mismos
Guilliches. Pero que los de Valdivia nos desentendíamos de
ellas, temiendo que el Rey intentase sacar aquellos
rebeldes, en cuyo caso experimentaríamos las
incomodidades que acarrea una guerra.

Con oír estas y otras expresiones, ya me aseguraban la
existencia de los Aucahuincas (así los nominan), el modo y
trato de ellos: bien que siempre les causaba novedad,
como los Pegüenches, siendo tan acérrimos enemigos de
los españoles, diesen una noticia tan encargada entre ellos
para el sigilo; y esto dorado con algunas razones,
producidas en lo inculto de sus ingenios: a lo que
regularmente les contestaba que de un enemigo vil
mayores cosas se podían esperar, aunque no era de las
menores el tratarlos de traidores, y de que como ladrones
tenían sitiados y ocultos hasta entonces aquellos
españoles, privando a su Rey de aquel vasto dominio.

Este es el arte con que los he desentrañado, y
asegurándome de las exquisitas noticias que pueden
desearse para la mayor empresa, sin que por medio de
gratificación, ni embriaguez, ya medio rematados, ni otro
alguno, jamás lograse de ellos cosa a mi intento, antes sí
una gran cautela en todas las conferencias que sobre el
particular tenía con ellos, cuidaba de encargarles el secreto
que les convenía guardar, pues sus antepasados, como
hombres de experiencia y capacidad, sabían bien los
motivos de conservarlo.

Y si sucedía, como acaeció muchas veces, llevar en mi
compañía alguno o algunos españoles, me separaba de
ellos para hablar de estos asuntos, procurando salir al
campo, o a un rincón de la casa con el indio, a quien le
prevenía que callase, si llegaba algún compañero mío, pues
no convenía fiar a todos aquel asunto, porque como no
eran prácticos en los ritos de la tierra, saldrían hablando y
alborotando.

Este régimen, y la cautela de no mostrar deseos de saber,
sino solo hablar como por pasatiempo de lo que ambos
sabíamos, he usado con los indios sobre treinta años,
teniendo la ventaja de hablar su natural lengua, por cuyo
motivo ejerzo hoy por este gobierno (después de otros
empleos militares), el de lengua general de esta plaza, en
donde a todos les consta la estimación que hacen de mí
aquellos naturales. Así adquirí las evidentes noticias que
expongo al Monarca, o a quien hace su inmediata persona,
diciendo:

2) Que en aquel general alzamiento, en que fueron (según
antiguas noticias) perdidas o desoladas siete ciudades, la
de Osorno, una de las más principales y famosas de
aquellos tiempos, no fue jamás rendida por los indios;
porque aunque es cierto, que la noche en que fueron
atacadas todas, según estaba dispuesto, le acometieron
innumerables indios con ferocidad, hallaron mucha
resistencia en aquellos valerosos españoles, que llevaron el
premio de su atrevida osadía, quedando bastantes muertos
en el ataque, con poca pérdida de los nuestros. Pero sin
embargo determinaron los indios sitiar la ciudad, robando
cuanto ganado había en los contornos de ella, y
frecuentando, sus asaltos, en los que siempre quedaron
con la peor parte.

Pero, pasados seis o más meses, consiguieron por medio
de la hambre ponerlos en la última necesidad; tanto que
por no rendirse, llegaron a comerse unos a otros; y
noticiosos los indios de este aprieto, los contemplaron
caídos de ánimo, por lo que resolvieron atacarlos con la
ayuda de los que acababan de llegar victoriosos de esta
plaza; y en efecto hicieron el último esfuerzo, envistiéndola
con tanta fiereza que fue asombro. Pero el valor de los
españoles, con el auxilio de Dios, logró vencerlos, matando
cuantos osaron subir por los muros, donde pelearon las
mujeres con igual nobleza de ánimo que los hombres; y
aunque vencidos los indios, siempre permanecieron a la
vista de la ciudad, juzgando que precisamente los había de
rendir el hambre, como tan cruel enemigo.

Pero los españoles, cada, vez con más espíritu, se
abastecieron de cadáveres de indios, y reforzados con
aquella carne humana, y desesperados ya de otro recurso,
determinaron abandonar la ciudad, y ganar una península
fuerte por naturaleza que distaba pocas leguas al sur,
(cuyo número fijo no he podido averiguar, pero sé que son
pocas) en donde tenían sus haciendas varias personas de
la misma Osorno, de muchas vacas, carneros, granos,
etcétera. Salieron con sus familias, y lo más precioso que
pudieron cargar; con las armas en las manos marcharon,
defendiéndose de sus enemigos, y sin mayor daño llegaron
a la península, la que procuraron reforzarla, y después de
algunos días de descanso, hicieron una salida, y vengaron
en los enemigos su agravio, pues dejaron el campo
cubierto de cadáveres, volviendo a la isla no solo con
porción de ganado, sino con cuanto los indios poseían, y
continuaron fortaleciéndola.

Consta la magnitud de esta península, según la explicación
de los indios, como de treinta leguas de longitud y seis a
ocho de latitud. Su situación está en una hermosa laguna,
que tiene su principio del volcán de Osorno, y a quien
igualmente da agua otro volcán, que llaman de Guanequé;
pues aunque este está distante del otro, por el pie de la
Cordillera se desata en un río pequeño que camina hacia el
sur, y se incorpora en esta laguna, con cuyo socorro se
hace formidable. Ella está al pie de la Cordillera, y dista del
volcán de Osorno siete a ocho leguas poco más o menos; y
es madre del Río Bueno.

Es tan grande, que ninguno de los indios da noticia de su
término; es profunda, y muy abundante de peces: en ella
tienen los españoles muchas canoas para el ejercicio de la
pesca, y para la comunicación de tres islas más pequeñas,
que hay en medio de dicha laguna o mar, como los indios
le llaman. Esta no abraza el contorno de la isla, si solo la
mayor parte de ella, sirviéndole de total muro, un lodazal
tan grande y profundo, de tal manera que un perro (como
los indios se explican) que intenta pasarlo, no es capaz de
desprenderse de él. Tampoco este lodazal hace total círculo
a la isla; pues por el principal extremo, que es al norte, hay
de tierra firme entre la laguna y el pantano hasta veinte y
más cuadras (según dicen los indios), y es la entrada de
esta grande población o ciudad, siendo la parte por donde
se halla fortificado de un profundo foso de agua, y de un
antemural revellín; y últimamente de una muralla de
piedra, pero baja.

El foso tiene puente levadizo entre uno y otro muro:
grandes y fuertes puertas; y un baluarte, en donde
centinela los soldados. Según los indios, el puente se
levanta todas las noches. Las armas que usan son, lanzas,
espadas y puñales, pero no he podido averiguar si son de
fierro.

Para defensa de la ciudad tienen artillería, lo que se sabe
fijamente, porque a tiempos del año la disparan: no tienen
fusiles, para su personal defensa usan coletos. También
usan otras armas, que los indios llaman laques, y son dos
piedras amarradas cada una en el extremo de un látigo, en
cuyo manejo son diestrísimos, y por esto muy temidos de
los indios.

La forma o construcción que tiene la ciudad no he podido
indagarlo, porque dicen los indios, que nunca les permiten
entrar, pero que las más de las casas son de pared y teja,
las que se ven de afuera por su magnitud y grandeza.
Ignoro igualmente el comercio interior, y si usan de
moneda o no; pero para el menaje y adorno de sus casas,
acostumbraban pinta labrada en abundancia.

No tienen añil, ni abalorios, por cuyo motivo dicen los
indios que son pobres. Hacen también el comercio de
ganados de que tienen grandísimas tropas fuera de la isla,
al cuidado de mayordomos, y aun de los mismos indios.
Ponderando estos la grandeza de que usan, dicen que solo
se sientan en sus casas en asientos de oro y plata
(expresión de los españoles que salen fuera).
También han tenido comercio de sal, esto es, hasta ahora
poco la han comprado a los Pegüenches, que por aquella
parte a menudo pasan la Cordillera, y son muy amigos de
estos; como así mismo lo han tenido con los indios
nuestros, que llamamos Guilliches, pero ya les ha dado
Dios con abundancia un cerro, y proveen a sus indios
comarcanos.

Según exponen los indios, usan sombrera, chupa larga,
camisa, calzones bombachos, y zapatos muy grandes. Los
que andan entre los indios regularmente están vestidos de
coletos, y siempre traen armas. Los indios no saben si usan
capa, porque solo los ven fuera del muro a caballo; se
visten de varios colores; son blancos, barba cerrada, y por
lo común de estatura más que regular.

Por lo que respecta al número de ellos claro está es muy
difícil saberlo, aun estando dentro de la ciudad: no por eso
dejé de preguntar repetidas veces a varios indios, los que
respondieron, considerase si serían muchos, cuando eran
inmortales, pues en aquella tierra no morían los españoles.
Con este motivo me informaron de que no cabiendo ya en
la isla el mucho gentío, se habían pasado muchas familias,
de algunos años a esta parte, al otro lado de la laguna,
esto es, al este, donde han formado otra nueva ciudad.

Está a las orillas de la misma laguna, frente de la capital;
sírvele de muro por un lado la laguna, y por el otro está
rodeada de un gran foso, ignoro si es de agua, con su
revellín, y puerta fuerte, y puente levadizo como la otra.

La comunicación de las dos está por mar, por lo que tienen
abundancia de embarcaciones. También tienen artillería, y
el que en esta manda, está sujeto al rey de la capital. Nada
puedo decir con respecto al orden interior de gobierno de
aquel rey de la capital; pero sé por varias expresiones de
los indios, que es muy tirano: lo que confirma la noticia
siguiente.

Habiendo salido de Chiloé un chilote en el mes de octubre
de 1773 (no sé con qué destino) llegó a avistar la principal
ciudad de aquellas españoles, pasando por medio de los
indios, suplicándoles tuviesen caridad de él, pues se veía
allí sin saber a donde. Al llegar la noche tocó las puertas de
la ciudad (siempre las tienen cerradas) asomose un
soldado, y haciéndole las regulares preguntas, de quién
vive, etcétera, respondió era chilote, y que allí había
llegado perdido, y que se hallaba sin saber qué tierra era
aquella.

A lo que en lengua de indio respondió el soldado, se
admiraba de que los indios le hubiesen dejado pasar vivo,
pero ya que logró esa dicha se retirase prontamente antes
que algún otro le viese, (a todos se prohibía llegar allí) o el
se viese precisado a dar parte a su rey, quien si lo supiera
(así lo relató el chilote a los indios) mandaría buscarlo por
cuantos caminos había para quitarle la vida, pues era
hombre muy tirano, y que con su gobierno ambicioso tenía
a la plebe en la mayor consternación, y esta es voz común
de los indios. Volviendo al chilote que escapó del rigor de
aquel tirano, y ya entre los indios, algunos de ellos se
ofrecieron a acompañarle, pero en la primera montaña, le
quitaron la vida: cuya noticia se me trajo por indios de
mucha verdad del fuerte de San Fernando, a orillas del Río
Bueno, luego que sucedió; y esto tiene a los indios llenos
de temor.

Este suceso del chilote ha dado motivo entre aquellos
españoles (persuádome es la plebe) para el empeño de
poner señales; en el cerro, que llaman de los Cochinos, que
es donde se divisa la ciudad principal y laguna, único y más
inmediato para llegar a aquella tierra como lo expondré. En
este sitio acaece, en lo que no hay duda, que los españoles
ponen una espada con zapatos; los indios la quitan, y
ponen un machete.

Los españoles ponen una cruz; vienen los indios quitan la
cruz, y ponen una lanza, toda de palo. Los españoles
ponen, redondas piedras como balas, y después de estas
amenazas de unos y otros, están constantemente hallando
los indios en aquel propio sitio del cerro, varios papeles, o
cartas puestas en una estaca, cosa que tiene a los indios
consternados, pues ni se atreven a quitarlos, ni se apartan
de allí, manteniéndose en continua vigilancia, temerosos
que algún papel de estos salga entre ellos, y dé en manos
de nosotros. Esta noticia y la del chilote, se han divulgado
por toda la tierra adentro, y, como digo, se hallan
cuidadosos.

Para más asegurarse de nosotros, aquel rey tiene trato
anualmente con los indios de su jurisdicción que son
muchos, y para explicar su crecido número dicen estos que
parecen llovidos, aunque no muy valientes; a quienes tiene
tan gratos, por estar precisamente a sus órdenes. Tiene
caciques al modo nuestro, y uno superior entre ellos con
quien tiene más estrecha amistad.

Con estos hace sus juntas, convocando también a los
Pegüenches, con quien conserva gran familiaridad; y así
suelen hallarse multitud de vocales en las juntas que hace.
El punto de que con mayor esfuerzo se trata con todos
aquellos indios, es sobre que no permitan llegar ninguno de
afuera por los caminos que tenemos para allá, ni por la
Cordillera inmediata a ellos, y que si alguno lo intentase,
que lo maten, sin la menor conmiseración. Lo que hace
creer se hallan contentos en su retiro aquellos españoles,
supongo serán los superiores, y que aquellos signos de
papeles, etcétera, serán de la plebe, que, oprimida, desea
sacudir el yugo.

Sin embargo cuando por orden de Nuestro Excelentísimo
Señor Virrey, don Manuel de Amat, Capitán general
entonces de este reino de Chile, se emprendió aquella
famosa salida para los llanos, que fue terror de los indios,
sé de cierto, por varios de estos que me lo aseguraron, fue
público en esta plaza, que estando disponiéndose los
nuestros para ella, llegó la noticia a aquellos españoles,
con la que ordenaron salir a encontrarse con nosotros, no
sé con que fin. Estando en estas disposiciones, llegó
nuestro campo a orillas de Río Bueno, en donde la noche
de su llegada tuvo aquel tan notorio ataque, que habiendo
oído los españoles de la laguna en el silencio de la noche, a
la inmediación de la ciudad, los tiros de los pedreros y
esmeriles, salieron a las dos o tres días con 300 hombres,
según los indios se explican y tiraron derechos para Río
Bueno.

Al segundo día de su marcha supieron la retirada de los
nuestros por los mismos indios, pero con todo no
desistieron del empeño de caminar; en cuya vista los indios
aquella noche hicieron su consejo, y resolvieron atacarlos a
la mañana, y si posible fuese acabarlos: con efecto
presentaron la batalla en la que pelearon unos y otros con
grande valor, y que duró algunas horas, pues disputaban
con iguales armas: murieron un sin número de indios y
bastantes españoles, pero quedó el campo por estos,
aunque con la muerte de su esforzado capitán. La noticia
de esta pelea procuraron obscurecerla, encomendando con
pena de la vida su sigilo, para que no llegara a nosotros.

1) El camino de menos ríos, aunque más dilatado, para
aquellas dos ciudades, es el que llamamos de los Llanos,
por donde marchó nuestra tropa hasta el Río Bueno. Este
camino consta de una montaña como de catorce leguas de
largo, principia en el río de Anquechilla, en donde tenemos
nuestra continua centinela para los indios, y termina en
Guequeciona: de ahí hasta el Río Bueno no se ofrece
montaña ni loma, y si arroyos pequeños. De Anquechilla al
Río Bueno, se regulan seis días de camino. Este río es
ancho, profundo y sin corriente: de ahí para la ciudad de
los españoles es todo llano, hasta llegar al cerro ya dicho
de los Cochinos. Este es un bajo, en el que hay muchos
cochinos alzados, de los que se aprovechan los españoles,
y también los indios. Al pie de este cerro, por la banda de
la ciudad, hay dos riachuelos, ambas de vado; el primero
llamado Yoyelque, y el segundo Daulluco: este es el más
cercano a la ciudad, que dista como cuatro leguas,
tomando el camino de un pedregal grande, siempre a
orillas de la laguna, hasta llegar a la primera fortaleza de
foso.

2) El segundo camino es el que llamamos de Guinchilca, o
Ranco: este es más derecho, pero de muchos ríos y
arroyos, pues saliendo de la plaza hay el Guaquelque, o
Cuicuitelfu, Collitelfu, Guinchilca (se pasan cuatro veces,
pero todos son de vado) y Río Bueno. Saliendo de Valdivia,
hay como veinte leguas de montaña, y termina esta en
Guinchilca, en la que hay tres ríos de los dichos.
El camino de la dicha montaña es ancho y llano, con
algunos malos pasos, fáciles de componer. Lo más fragoso
de él se puede andar por el río, hasta un lugar de indios,
llamado Calle-calle. Antes de llegar al Río Bueno se ofrece
una montaña baja, poco espesa, y de pocas leguas, al fin
de la cual se da con el Río Bueno. De ahí a poca distancia,
siguiendo el camino de los españoles hasta el fuerte de
Osorno, caminando al sur, de allí al este, cosa de una
jornada, está la ciudad de Osorno, pero en seguida de
dicho fuerte al sur, a muy corto trecho, se da con la gran
laguna de Ranco que es el asilo de los españoles, y sigue a
orillas de ella por el pedregal.
Este camino es de carretas, y no hay la pensión de trepar
cerro alguno, desde Guinchilca a la ciudad: por él se
manejaban antiguamente los de Osorno. En la distancia
que hay de Guinchilca a aquel pueblo, se presentan varias
ruinas de fuertes pequeños, que según la tradición de los
indios eran escala o jornadas, que hacían los que de esta
plaza iban a aquella ciudad. Esta es toda la serie de
noticias, que de aquella incógnita ciudad he adquirido, a
costa de incesantes trabajos, de cuya existencia no me
queda duda, y en todo tiempo me obligo a mostrar el
camino, o caminos que conducen a ella: lo que aseguro por
Dios Nuestro Señor, y esta señal de la cruz, y mi palabra de
honor. Y para mayor prueba de la verdad, expongo a
continuación los principales sujetos o caciques, después de
otros muchos de menos suposición, que me han
asegurado, con algunas noticias más que pongo dadas por
varios que no cito, concordando unos con otros en el modo
de decir y explicar lo que de aquella ciudad saben.

El cacique Marimán me aseguró haber divisado la ciudad
desde el cerro de los Cochinos, que se halla en la laguna de
Ranco, y que sabía eran los españoles de Osorno, que
nunca fueron vencidos, que son muchos, y muy valientes.
Sabe que por falta de víveres desampararon su tierra,
después de haber comido gente muerta, y ganaron aquella
isla, en donde encontraron mucho ganado y grano de las
haciendas que allí tenían varios españoles acaudalados de
la misma Osorno: que la causa de guardar tanto sigilo era
porque no los tuviésemos tributarios como en los tiempos
antiguos; que están inmediatos a la Cordillera. Que la
Ciudad desierta está próxima a los españoles, y aun se
mantiene murada, que solo han caído las puertas, y de las
torres las medias naranjas; que hay otro fuerte de la citada
ciudad, mirado con pocas ruinas. Hasta hoy es una isla que
hace la misma gran laguna de Ranco al principio de ella, de
donde no divisan la población de españoles. Que este
fuerte nadie lo habitaba; las armas que usan eran espadas
y lanzas; que tienen artillería, porque hacen a tiempos las
descargas.

Dos indios de las cercanías de aquellos españoles me
exponen igualmente añadiendo tienen amistad con los
indios inmediatos, con quienes hacen sus juntas. Por el
indio Quaiquil supe igualmente, y añadió los había visto;
eran corpulentos, blancos y rubios; que la entrada en la isla
es por una garganta corta de tierra, que tiene un foso,
muralla, puente levadizo, y muchas embarcaciones; que
usan espada y lanza, tienen artillería, lienzos y plata, y
mucho ganado mayor y menor.

Según comprendí, su vestuario es musgo, y a lo antiguo;
que cuando la función de los Llanos, habían salido a
encontrarse con nosotros, pero que los indios les dieron
guerra, y que se mandó guardar secreto con pena de la
vida. El cacique Carriblanca, al año de la función de los
Llanos, habiendo yo pasado a su tierra, se valió de mí para
que le consiguiese la entrada en esta plaza (estaba privado
a los de su jurisdicción), para comunicar al señor
gobernador ciertos asuntos; y haciéndole cargo del motivo
que tenía, para no dar paso a la ciudad de los españoles
alzados, y porque guardaba secreto en una cosa tan
sabida, me respondió, que desde sus antepasados tenía
obligación de guardar sigilo, y de negar el camino como
dueño de él. Pero que si ya lo habían declarado otros, mal
podía negarlo él, y me dio las mismas señas que los otros,
añadiendo que del Río Bueno a los españoles hay día y
medio de camino; y que le dijese a mi Gobernador que en
el caso de querer reconocerlos, no fuesen tan pocos como
el año antecedente, sino que pasase de mil hombres la
tropa, pues eran muchos los indios que había.

Todo lo que hice presente al Gobernador don Tomás
Carminate, quien respondió que nada creía de aquello, y
que el comisario se decía no convenía viniese a Valdivia
dicho cacique; y con mi respuesta que esperaba, dejó de
venir. En el mismo mes, conversando con Pascual, cacique
del otro lado del Río Bueno delante de Tomás Silva, vecino
de esta plaza, me dio las mismas señas que los anteriores;
y expuso que cerca de su casa hay un cerro bajo o loma, de
donde no solo se divisa la ciudad, sino hasta la ropa blanca
que lavan, y bajado este cerro, habrá cuatro leguas de
distancia por el pedregal o orilla de la laguna.

El mismo Pascual, a mediados de este año de 1773,
hablando con Gregorio Solís, vecino de esta plaza, le contó
la serie de señales que dicho, mostrándole desde su casa
el sitio donde las ponen, y añadió, como que le consultaba,
¿qué premio le parecería que le daría nuestro Rey, en el
caso de descubrir el camino de la ciudad? Que ya
consideraba harían rico, y capitán de sus tierras, pero que
aquello era conversación. Este Solís era hombre de verdad,
y muy conocido entre ellos. El capitanejo Necultripay me
comunicó haber estado en varias ocasiones a lo de estos
españoles, acompañado de los indios inmediatos a los
dichos.

Le supliqué me llevase una carta, y me respondió no podía,
por los motivos de brujería, que ya dije; y también por ser
costumbre entre ellos ir acompañados entre aquellos
indios, los que si lo entendieran, le quitarían la vida. Pero
que si el Gobernador resolvía reconocerlos, iría de guía, y
en su defecto a nadie se lo dijese, que él se ofrecía, porque
perdería la vida. Noticia que expuse a don Félix Berroeta,
Gobernador de esta, quien la agradeció mucho, y me
encargó continuase con toda eficacia la correspondencia
con estos indios, ofreciéndome para el fin del
descubrimiento, si era necesario, todo su caudal. Pero con
mi muerte se frustraron nuestras ideas.

Después de algún tiempo la misma noticia expuse a don
Juan Gartan Gobernador de esta, quien sin examinar las
circunstancias, me dijo que todo lo tenía por fábula. En
cuanto a las armas, situación, caudales y vestimenta,
coinciden las señales del capitanejo con las precedentes.
A los pocos días me vi con el hijo del citado capitanejo, que
me expuso lo mismo que su padre, sin haber estado
presente cuando su declaración. Contra, indio de respeto
entre ellos, me declaró igualmente que los antecedentes, y
que no los ha tratado, mas sabe que hay mucha gente, y
de valor, que nunca los han vencido, y sabe son los de
Osorno. Cumilaf, el del otro lado del Río Bueno, me aseguró
vivía inmediato a los españoles de la laguna, que son
acaudalados de plata y ganado; pero pobres en fierro y
añil, y que tampoco tiene abalorios, dando las propias
señas en situación, armas y caminos. Guisieyau, expone lo
mismo, y añade ha estado dos veces en aquella ciudad: la
una vez entró a comprarles ají con los indios inmediatos, y
me mostró un caballo que le había vendido por un sable, y
la marca que tenía está en cifra. Amotripay y sus hijos lo
mismo declararon, sin temor alguno: son indios de respeto
entre ellos; viven de la otra parte del Río Bueno.
Lancopaguy, lo mismo, y muy por menor de la situación,
armas caudales y caminos. Gedacoy, igualmente,
añadiendo era mejor camino el de Ranco por ser más llano,
aunque de más ríos, y todos convienen en esto también me
dijo que la causa de no dar paso los indios por aquel
camino, ni admitir conchabados es, porque no vean las
ciudades, y tengan noticia por allí de aquellos españoles.
Calfuy da noticia hasta del nombre de los caciques, amigos
de los españoles. Rupayán da cuenta de la situación,
armas, caudales, y de haber encontrado sal. Artillanca
manifiesta lo mismo. Antipan se explaya más sobre las
circunstancias de la laguna y fortaleza de la primera ciudad
y situación de la segunda, y las islas que hay dentro de la
laguna. Paqui dice que sabe están los españoles en aquella
isla, y da muchos detalles, los que concuerdan con las
exposiciones precedentes.

Todos los citados, son entre ellos personas de suposición,
para formar total concepto de la verdad que expresan,
especialmente combinándose sus declaraciones, como
también las de otros indios pobres, y de poca autoridad. Y
para que en todo tiempo conste esta información de la
incógnita ciudad de Osorno, además del juramento que
tengo hecho, me sujeto a la pena que se me quiera
imponer, en el caso de no ser cierta la existencia de estos
españoles, en el lugar que nomino. Y por ser así, lo firmo en
la plaza de Valdivia a tres días del mes de enero de 1774.
Ignacio Pinuer

1778: Los franciscanos Norberto Fernández y Felipe Sánchez se internan en los estuarios de Palena y Aysén en busca de los Césares

1779: La corona española ordena una nueva expedición en busca de la Ciudad de los Césares, la que debía ser dirigida por Manuel José de Orejuela. Tras varios años de disputas con el gobernador, la expedición se cancela

1780? Declaración del capitán D. Fermín Villagrán, sobre la ciudad de los Césares

El capitán de dragones de este Real Ejército, y comandante
de dicha plaza, don José María Prieto: habiendo tenido
orden verbal del coronel de caballería, maestro de campo,
general y gobernador de esta frontera don Ambrosio de
O’Higgins, para tomar declaración al capitán de la
reducción de Maguegua, don Fermín Villagrán, sobre
noticias que ha adquirido en su dicha reducción, por un
indio guilliche, de un establecimiento de españoles, situado
en un paraje llamado Muileu, le hice comparecer ante mí, y
le mandé hacer la señal de la cruz, bajo la cual prometió
decir verdad, y lo que sabe sobre este asunto, con toda
individualidad en cuanto fuese preguntado: y habiéndolo
sido sobre qué es lo que sabe del citado indio; dijo: que
habiendo pasado a su reducción a dejar al cacique
Loncomilla, de resultas de haber bajado éste a ver al señor
Maestre de Campo de esta plaza, deseoso de averiguar el
paradero de ciertas cautivas españolas que tenía noticia
paraban entre los Guilliches, habló con un indio de esta
nación, llamado Gechapague, a quien preguntó por dichas
cautivas, y le respondió, que allí en su lugar no había
ninguna. Replicó el capitán que sabía haberlas allí o en
otro, y respondió el guilliche, que en otro lugar de más
adentro las había, y que éstas ya los españoles las estaban
comprando.

Y preguntándole a dicho indio, ¿qué españoles las
compraban? Respondió que eran unos que estaban en un
paraje nombrado Milecí. Y preguntándole a dicho indio ¿qué
a dónde era ese paraje? Respondió que a donde entra en el
mar el río Meuquén o Neuquén, a la otra parte de la
Cordillera. (nota: no es ni mas ni menos que la Actual
Carmen de Patagones)

Y preguntándole ¿cómo habían llegado allí aquellos
españoles? Respondió que en cuatro o cinco
embarcaciones. Y preguntándole, ¿qué número de gentes
españolas había en aquel lugar? Respondió, que habría mil
personas. Mas también le preguntó dicho capitán al citado
indio, que ¿de qué armas usaban los españoles?

Y respondió que tenían cañones de artillería muy grandes,
y que tenían bastantes. Y preguntándole asimismo ¿de qué
vestuario usaban? Respondió que de paño. Y
preguntándoles que ¿cómo o de qué se mantenían allí
dichos españoles? Respondió, que luego que llegaron,
-habían padecido muchas necesidades, y que en él día se
bastimentaban por los indios con vacas y caballos que les
llevaban a vender; y que los dichos españoles también
salían de diez en diez a tratar con ellos, y hacer este
conchabo.

Y añadió dicho indio, que los dichos españoles decían que
aquel establecimiento distaba de su tierra ocho días de
navegación; y que lo que lleva declarado, no solo lo supo
por el indio referido, sino por otros tres más, quienes le
relacionaron lo mismo. Y siéndole leída esta declaración,
dijo: no tener más que decir, añadir ni quitar a lo que lleva
declarado; y que esta es la verdad, so cargo del juramento
que lleva hecho. En el que se afirmó y ratificó, y firmó junto
conmigo en dicha plaza, mes y año.

Fermín Villagrán. José María Prieto

1779-1786: Expediciones de fray Francisco Menéndez a Chiloé continental en busca de la Ciudad de los Césares

1782 – Informe y dictamen del Fiscal de Chile sobre las ciudades de los Césares, y los arbitrios que se deberían emplear para descubrirlas

El Fiscal de Su Majestad en lo criminal, en consecuencia y
cumplimiento, del superior decreto de Vuestra Señoría, de
16 de abril último, ha reconocido los nueve cuadernos de
autos que se han formado sobre descubrir las poblaciones
de españoles y extranjeros, que se presume hay en las
alturas y parte meridional de este reino; y así mismo el que
se crió el año de 1763, a instancia del Gobernador y
vecinos de la provincia de Chiloé, sobre la apertura del
camino de Osorno y Río Bueno.

Y en inteligencia de cuanto
de ellos resulta, dice:

que, aunque enterado de la arduidad
del asunto, que comprende este expediente, ha procurado
despacharlo con la brevedad posible, le ha sido forzoso
retardar su respuesta hasta hoy, así porque le ha sido
indispensable hacer detenidas reflexiones en cada uno de
los diez procesos a que está reducido, como porque el
despacho diario de los negocios concernientes a su
ministerio le han embarazado mucha parte del tiempo que
ha corrido desde el citado día 16 de abril hasta el presente.
En esta atención, y cumpliendo con la superior orden de
Vuestra Señoría contenida en el enunciado decreto,
expondrá lo que le ocurría a cerca de las expediciones
proyectadas en estos mismos autos.

1.º El objeto que las ha motivado es descubrir si en las
alturas que en este reino se miran, desde los 40 grados
hasta el estrecho de Magallanes y cabo de Hornos, hay
alguna o algunas poblaciones de españoles o colonias de
extranjeros, como por tradición de largos tiempos se nos ha
anunciado. Y en realidad, atendidas las actuaciones que
formalizó el coronel don Joaquín de Espinosa, mientras tuvo
a su cargo, el gobierno de la plaza; y presidio de Valdivia,
parece no deba dudarse de la existencia, de tales
poblaciones o colonias, para cuyo esclarecimiento y
evidencia basta reconocer el dicho uniforme, y la
atestación antigua y moderna de los caciques y principales
indios que han trabado amistad con los españoles de la
mencionada plaza.

2.º En el primer cuaderno de las enunciadas actuaciones se
reconocen cuatro declaraciones, tomadas al capitán
graduado don Ignacio Pinuer, comisario de naciones de
aquella jurisdicción; y en todas ellas asegura bajo de
juramento, que con motivo de la amistad estrecha que de
muchos tiempos a esta parte ha profesado con los caciques
e indios de aquellos contornos, y de la relación de
parentesco con que les ha tratado, le han comunicado que
de la antigua ciudad de Osorno, al tiempo que fue invadida
por los indios, se retiraron después de un largo sitio
algunas familias tierra adentro, y se situaron en un paraje
que era hacienda de los mismos españoles de Osorno. Que
habiéndose defendido allí mucho tiempo, dieron contra los
indios, y juntaron muchos ganados de los suyos que se
llevaron a su fuerte: y que en ese mismo paraje se
mantienen hasta hoy, el cual dista de Osorno como cinco o
seis leguas, porque hay un pedregal grande que dar vuelta.
Que se han mantenido en ese sitio a fuerza de valor; que
los indios les han hecho muchas entradas, y no los han
podido vencer; que para salir les impide ser una sola la
entrada, en la que hay un cerro donde tienen un centinela
los indios para avisar si alguno sale, y atajarlo, como ha
sucedido con algunos: que son muchos los que lo han
intentado, y han sido muertos por los indios, por lo que solo
se mantienen defendiendo las entradas. Que es cierto
tienen dos poblaciones; la principal en una isla en donde ya
no cabían, por lo que se han pasado a la tierra firme en
frente, desde la que se comunican por agua; porque donde
está la ciudad principal, es en medio de una laguna, y solo
tiene entrada a la tierra por un chapad, o pantano, en que
tienen puente levadizo. Que sabe tienen artillería, aunque
pequeña, y usan de las armas de lanza y espada: que es
mucho el número de gente, y visten camisa, y según
explican los indios, calzón de buchí y chupan, porque no
saben explicarse.
Que tienen casas de teja y paja, fosos y revellines; que
tienen siembras de ají, que es con lo que comercian con los
indios, quienes les llevan sal de la que sacan de Valdivia
que también les llevan hachas y cosas de fierro, por vacas
y caballos que tienen muchos. Que hablan lengua
española, pero que, aunque los indios les han llevado indio
ladino, no les entienden bien. Que también hablan lengua
índica; y que usan marcas, yerros españoles en las vacas y
caballos, los cuales ha visto el mismo Pinuer.
Finalmente testifica que también sabe que estos no son los
que llaman Césares, porque hay otras poblaciones de
españoles hacia el Estrecho, que según dicen los indios son
de navíos perdidos. Que su conocimiento y trato con ellos,
de 40 años a esta parte, sus entradas a la tierra, y el
llamarlos parientes, y amigos con alguna sagacidad que ha
puesto para saber este asunto, le ha hecho noticioso de
que es cierto lo expuesto, y de que existen tales
poblaciones, porque lo ha oído decir a indios principales
caciques de razón, y lo ha confrontado con lo mismo que
ha oído a otros, y todos concuerdan en -46- una misma
cosa.
Que el haberlo ocultado los indios es porque de padres a
hijos se han juramentado el callarlo, y es rito o ley ya entre
ellos; y aun por esta razón se han mantenido alzados, sin
nuestra comunicación, todos los de la otra banda. Que
sabe que este juramento y sigilo ha sido, porque tienen por
abuso decirse unos a otros, que si los descubrían los harían
esclavos los españoles, y los sujetarían a encomiendas: por
cuya causa al que han sabido formalmente que lo ha
descubierto le han quitado la vida.
Que el saberlo el declarante es porque, habiéndose dado
muchos años ha por pariente de dos caciques de los
alzados, del otro lado del Río Bueno, nombrados Amotipay
y Necultipay, estos con gran secreto se lo contaban, y por
haber Amotipay venido a verle, a su regreso le dieron
veneno los indios, y que Necultipay ofreció al declarante
llevarlo a la ciudad, pero que no se verificó por haber
fallecido, dejándolo por heredero de sus tierras. Que hoy
día ya se habla de esto con menos reparo entre los indios,
porque dicen que se ha publicado; y que ahora tres años se
hizo una gran junta de los indios alzados, y en ella
ofrecieron primero morir que rendirse, ni desamparar sus
tierras, porque tenían noticias de que los españoles de
Chiloé, salían en solicitud de estos otros españoles, y
poblar primero a, Osorno.
Y en otro lugar confirmando estas mismas noticias, dice:
que hacia el cabo de Hornos, hay otra población, que
discurren los indios ha resultado, y aun aseguran que
proceden de navíos extranjeros perdidos, y que hay tres
ciudades grandes y otras pequeñas; lo que le ha asegurado
el indio que las ha visto. Y más adelante, que será
necesaria tropa para hacer este descubrimiento, porque no
duda que se ha de oponer mucha indiada, que es gente
aguerrida, y que conoce sus terrenos. Que hay muchos
retazos de monte y río, y la distancia será de cerca de 40
leguas: y que todo se ha de vencer a fuerza de armas;
pues, aunque no hagan frente formal los indios, harán
emboscadas y avances de noche, o la multitud puede
obligarles a presentar batalla formal: y así, que considera
ser convenientes mil hombres, atendiendo también a no
saberse con certidumbre si estos españoles querrán
entregarse o mantenerse allí con el dominio que han
establecido.

3.º Lo mismo, aunque con menos puntualidad, testifican
Gregorio Solís, Marcelo Silva, el cadete don Juan Henriques,
Francisco Agurto capitán de Amigos, de la reducción de
Calle-calle, el lengua general don Juan de Castro, Casimiro
Mena, Baltazar Ramírez; y el reverendo padre lector Fray
Buenaventura de Zárate, guardián del convento, de don
Francisco de la Isla de Macera, declara, que habiendo
tenido en su servicio, por espacio de 6 años, a un indio
cristiano, llamado Nicolás Confianza, muy ladino y enterado
de nuestra religión e idioma, siendo ya de edad de 60 años,
cayó enfermo, y estando desahuciado, y disponiéndose
para morir, le dijo: que -47- quería hacer por escrito una
declaración que hallaba por muy conveniente al servicio de
Dios, porque tenía mucho temor de ir a su divina presencia,
sin manifestar lo que sabía. Que habiéndole tomado como
pudo su dicho, declaró: que siendo mocetón, hizo una
muerte en Calle-calle, jurisdicción de Valdivia, con cuyo
motivo se fue fugitivo a los Llanos, y de allí al otro lado del
Río Bueno, donde lo amparó un cacique tío suyo; haciendo
de él mucha confianza para sus tratos y conchabos.
Que con esta ocasión le enviaba hacia la ciudad de los
españoles que hay, procedidos de los de Osorno, junto a la
Cordillera, a que viese a otro cacique que servía de
centinela a dichos españoles. Que era cierto que estaban
allí fundados y establecidos con ciudades fortificadas, y
una noche oyó hablar dos de ellos con el cacique donde
estaba alojado, sobre un conchabo de lo que llevaba dicho
indio, que eran hachas y sal: que los españoles traían ají,
lienzo y bayeta, con lo que canjeó, o conchabó, y el lienzo
era como el de Chiloé. Que es verdadera la existencia de
estos españoles, y que el castellano que hablan no es muy
claro: y por último que decía esto, estando ya para morir, y
conocía el trance en que se hallaba, y la cuenta que había
de dar a Dios. Que este indio era muy racional y cristiano,
por lo que el padre declarante asegura, que no solo en esta
ocasión, sino en otras muchas conversaciones antes de
este lance, siempre le había referido lo mismo, con cuyo
respecto dice, que tiene satisfacción de la verdad de
cuanto el indio le decía.

4.º A fojas 49 del mismo cuaderno 1.º se reconoce la
declaración que se tomó al indio Santiago Pagniqué,
morador y vecino de Ranco, y en ella se ve que por el
riesgo a que se exponía de que lo matasen sus
compatriotas, en caso de saber que él había declarado lo
que ellos tanto ocultaban, expresó con lágrimas en los ojos,
que sabe real y verdaderamente que están los españoles
en la laguna de Puyequé, pasado la que se repecha un
risco, y hay un estero que llaman Llauqueco, muy
correntoso y profundo, y es en donde los indios tienen su
centinela, para no dejar entrar ni salir a ningún español, de
una parte ni otra. Que para dar la vuelta a entrar donde
están los españoles, hay mucha risquería, pero que del
cerro de Llauqueco se divisa la población, y algunas
colorean como tejas. Que hay muchos españoles, y que se
visten de lienzo, porque siembran mucho lino, y tienen
paño musgo y colorado que tiñen con relvun. Que tienen
iglesia, lo que sabe por otro que estuvo allí seis días en
tiempo que hicieron una procesión, y que la tienen cubierta
de plata, que parece una ascua. Que a este indio lo llevó a
escondidas un cacique que mandaba el centinela, y le
encargó que no le viesen, porque le quitarían la vida
aquellos españoles. Que desde que nació sabe que están
ahí esos españoles; y desde Valdivia allá hay cinco días de
camino, con otras particularidades que refiere; entre las
que expresa los -48- ríos y esteros caudalosos que hay que
parar, y los indios que guardan la entrada.

5.º El cacique nombrado Artillanca, que lo es de la
reducción de Guinchilca, declara a fojas 50 que están allí
aquellos españoles, en la laguna de Puyegué: que él tiene
conocimiento de muchos años a esta parte, y desde que
tiene uso de razón, sabe que allí están acimentados. Que
todos los indios con quienes ha comunicado, y
particularmente sus padres y abuelos, siempre le han
contado lo mismo, adquirido de aquellos indios que tratan
con los españoles.
Que estos son muchísimos, y tienen su rey, pero que según
sabe de cierto, ellos no han querido salir, porque ahora
años hicieron un parlamento, y dijeron en él que tenían
todo lo que había menester, y no querían sujetarse al Rey
de España. Que ahora tiempo tuvieron estos españoles una
campaña con los indios fronterizos, en la que mataron a
seis caciques principales y a muchísimos indios.
Que después acá no han tenido guerra, pero que tienen
muy cuidado el camino, para que no se salga, ni entre a su
población; y que donde está el centinela hay una
angostura, en donde los españoles suelen poner una cruz;
pero los indios la quitan y les ponen una macana con
sangre. Que tienen iglesia grande en su población, y mucha
plata y oro que allí sacan. Que visten de musgo y colorado,
son muy guerreros, tienen ganados y siembran mucho. Que
si los nuestros quisieran ir allá, hallarían mucha oposición,
porque hay muchos indios alzados que lo impiden. Que el
camino más derecho para ir a estas poblaciones es el de
los Llanos, mejor que por Guinchilca; y que aunque en
tiempo del Gobernador don Juan Navarro, se le preguntó
sobre este asunto, lo ocultó, porque ha tenido miedo, si
decía algo, de que lo matasen sus contrarios. Pero que
ahora estaba tan agradecido del cortejo que le había hecho
don Joaquín de Espinosa, y tan satisfecho de su amistad,
que no había podido callarle, nada, y así le había abierto su
pecho, para decirle la verdad de todo lo que sabe.

6.º A fojas 89 declara el cacique Llancapichun, de la
reducción de Ranco, con el indio Santiago Pagniqué, que es
cierto y evidente que se hallan allí aquellas gentes
españolas en el otro lado de una laguna grande, nombrada
de Puyegué: que es mucha la gente que hay, toda blanca,
como nosotros: que usan de los mismos vestidos, que
tienen casas, murallas, y embarcaciones con que se
manejan en la laguna, y salen a pescar. Que tienen
también armas de fuego; y que no solo hay esta población
sino otras más adentro: que ellos están prontos a guiar a
los nuestros, si quieren pasar allí, pues ya conocen que
queremos buscar a los de nuestra sangre. Que tenían
parlado, ellos sobre el asunto con los indios Puelches, de
las inmediaciones de sus tierras, y les habían -49- ofrecido
ayudar a los españoles si entraban a sacar a los otros. Que
se oponen a esta entrada muchos indios que hay hasta
llegar a la laguna, que son los que siempre han defendido
la entrada y salida de aquellas gentes. Que desde la casa
de Llancapichun, hasta llegar a la orilla de la laguna, desde
donde se divisan los españoles que se buscan, hay veinte y
cuatro horas de camino montuoso, con algunas angosturas
y cerrillos. Que hay dos ríos que pasar, cuyo tránsito puede
facilitarse con armar embarcaciones, que es muy fácil a los
nuestros: y que así estaban ya prontos a guiarnos,
esperando solo la determinación del Gobernador, a quien
ocurrirían siempre que sus contrarios les quisiesen insultar,
por haber declarado estas noticias.

7.º A fojas 26 del cuaderno segundo depusieron los
caciques de Río Bueno, Queupul, Neyguir, Payllalao,
Teuqueñén y Millagueir, que era cierto que estaban allí
tales españoles, obligándose a enseñar la población y a
poner a los nuestros con el cacique Cañilef en paraje donde
la divisasen, y lo mismo aseguraron a Francisco Agurto,
Blas Soto, Miguel Espino y Tomás Encinas, los caciques
Antili, Guayquipagni, Tagollanca, Leficura, Cariñancú, y
otros seis más, según consta de la carta de fojas 35 de este
propio cuaderno segundo, cuyas noticias confirmaron al
cadete don Manuel de la Guarda: añadiendo el apronto de
sus lanzas, y que era preciso para ir sin susto, que la
marcha para el descubrimiento debía ser por el mes de
setiembre, y antes de que se abriese la Cordillera, para no
tener así temor de que los Pegüenches y Puelches saliesen
a impedirles el paso.

8.º Francisco Agurto declara nuevamente a fojas 49, que
con motivo de haber sido uno de los que fueron al otro lado
del Río Bueno en la escolta que se dio al cacique Queupul,
como parcial nuestro, consiguió hablar sobre la existencia
de los españoles, nominados Césares, con varios indios, a
quienes por haber hallado muy adictos al gobernador y a
los españoles, pudo ya sin cautela tocarles este asunto de
ellos, siempre cautelosamente promovido. Que de estas
conversaciones resultó que el cacique Neucupangui, que
tiene su habitación y terreno adelante de Río Bueno hacia
les cordilleras, le comunicase que los españoles que
buscábamos, estaban a este lado de la Cordillera; pero que
fuera de estos había al otro lado, a orillas del mar, otros
Huincas, o españoles muy blancos, que eran muchos, y se
hallan allí poblados de navíos perdidos; que eran muy
valientes, tenían murallas, y no se darían por bien. Que
eran muy ricos, y tenían comercio, porque entraban
embarcaciones en su puerto. Que esta gente se
comunicaba con otros llamados Césares, por un camino de
risquería, que solo a pie se podía andar, en que tardaban
dos días. Que toda esta declaración la oyó el -50-
declarante, igualmente de otro cacique, llamado Imilguir,
también de tierra adentro, y que no duda de su
certidumbre por la ingenuidad con que le hablaban en este
particular, pues diciéndoles el que declara: «esos serán los
de Chilo», respondieron: «esos están por ahí abajo, que no
ignoramos nosotros para dar esta noticia: lo mismo que
repite este declarante a fojas 78, contando los pasajes que
le ocurrieron al entrar a la laguna de Puyegué.

9.º A fojas 15 dice la india María, natural de Naguelguapí,
que su madre tenía amistad con unos españoles que se
hallaban inmediatos a su tierra, y que con el motivo de
haber caído enferma, la llevó a una islita, en donde había
un religioso y una señora de edad: que el religioso tenía los
hábitos como los de San Francisco, y la quiso bautizar, y
ponerle por nombre Teresa. Que dicho religioso estaba en
la isla como misionero, y a ella ocurrían a rezar algunos
indios. Que inmediato a la isla hay una población, situada
de la otra banda de la laguna de Puyegué, en la cual hay
algunos indios y muchos españoles, los que habitan en
unos altos, sin permitir entrar a los indios. Y a distancia de
un día de camino, hay otra población, cuyos dueños tienen
muchas armas de fuego, y hablan distinta lengua que los
primeros, los cuales tienen muy pocas armas de fuego, y sí
muchas lanzas. Que mantienen continua guerra con los de
la segunda población por causa de sus ganados; y que los
primeros, según lo que la madre de la declarante le tiene
dicho, usan del vestuario como nosotros, y por zapatos,
zumeles. Que tienen comercio con los otros, de quienes se
proveen de lienzos, añil y chaquiras, y que tienen una
especie de lana que se cría en árboles, la que traen de la
otra banda de la Cordillera, hacia el Cabo de Hornos,
conchavándola a los indios también que aquellos españoles
solicitan saber de nosotros, pero que los indios les infunden
temor, diciendo: que somos muy temerarios y tiranos, y
que, por un río grande que es de mares, se comunican los
de una población con otra, por unas barcas grandes.

10.º A presencia de semejantes atestaciones, parece que
no debe ya dudarse de la existencia de aquellas
poblaciones, bien sean de españoles, o bien sean de
extranjeros, que según el uniforme dicho, de los indios, hay
en la una y otra banda de la Cordillera hacia la parte del
sur, y en la altura del estrecho de Magallanes y Cabo de
Hornos: porque aunque no puede negarse que han
producido con alguna variedad sus asertos y noticias, en
cuanto a la situación de tales poblaciones, esto puede
provenir de varias causas y motivos. El primero de la
misma naturaleza de los indios, que siendo sumamente
recelosos del español, muy tímidos y observantes de sus
ritos como leyes inviolables, según lo advierte Francisco
Agurto, a fojas 98 vuelta, y en su declaración de fojas 96,
no es inverosímil -51- persuadirse, que ya que descubren el
secreto, para ellos misterioso, y de la mayor gravedad,
varíen en una u otra circunstancia. El segundo, de que los
intérpretes o lenguaraces no hayan entendido, bien lo que
ellos han querido decir, explicando los lugares de la
situación. Y el tercero, de que los mismos indios por su
rudeza no hayan sabido explicar este punto. Y así debe
atenderse principalmente a la substancia de lo que
declaran acerca de la efectiva existencia de dichas
poblaciones, mayormente estando todos contestes en
cuanto a este punto, sin que lo contrario arguya el éxito de
las expediciones hechas a costa del coronel don Joaquín de
Espinosa, de que da puntual razón el Reverendo Padre Fray
Benito Delgado, en su carta de fojas, 99 del 5.º cuaderno, y
a fojas 127 los cadetes don Miguel, y don Manuel de la
Guarda, don Joaquín, y don Juan Ángel Cosío, el sargento
Gregorio Pinuer, el condestable Pedro Álvarez, los cabos
Teodoro Negrón, y Feliciano Flores, y los soldados Francisco
Agurto, Baltazar Ramírez, Miguel Espino, Tomás Encinas,
Andrés Olguín, y Domingo Monte-Alegre. Pues, confesando
que no pasaron a mucha distancia de las lagunas de
Puyequé y Llauquigüe, ni llegaron a la otra laguna de
Puraylla, que divisaron desde un alto de la Cordillera,
donde vieron algunos humos, y que oyeron unos tiros,
como de esmeril o pedrero, los que pudieron ser efecto de
los volcanes inmediatos, no debe tenerse esto por
documento suficiente que califique absolutamente la
falsedad del común y general aserto de los indios, y mucho
menos cuando los caciques, en el acto mismo de reconocer
estos españoles las precitadas lagunas, ratificaron las
mismas noticias aseverando que los Morohuincas de la
segunda población son ingleses, y que son muy guapos,
que están muy lejos, y muy fortificados, como se ve a fojas
35 y fojas 36 de dicho 5.º cuaderno.

11.º Si Vuestra Señoría recuerda las memorias de las
épocas anteriores, hallará que nuestra nación española no
tuvo mejores ni iguales fundamentos para haber hecho los
descubrimientos que admira todo el orbe. Después que el
almirante don Cristóbal Colón, obtuvo las noticias que le
comunicó el Piloto Alonso Sánchez de Huelva, de la nueva
tierra que había visto, juzgándolas por sueño los de su
propia república, y las coronas de Portugal, Francia e
Inglaterra, a quienes convidó con ellas: después que
habiendo vencido inmensos trabajos, logró descubrir la isla
nombrada Guanani, que últimamente se llamó de San
Salvador, no tuvo otro comprobante de la existencia de las
demás que halló, que el dicho y aserto de los indios,
Cuando Barco Núñez de Balboa descubrió la tierra, en que
se fundó la villa de Santa María, la antigua del Darién, no
tuvo otro antecedente para saber de la situación del mar
del sur, y de las tierras del Perú que el dicho de un hijo del
cacique Careta, apuntándole con el dedo hacia el medio
día. El marqués don Francisco Pizarro, habiendo navegado
-52- hasta la tierra del Tumbez, no tuvo otro fundamento
para creer la existencia del Cuzco, su riqueza y poderoso
imperio, que el dicho de los mismos indios Tumbezes. Y en
fin el Adelantado don Diego de Almagro, para haber
tomado a su cargo el descubrimiento y conquista de este
reino de Chile, no tuvo más fundamento que las noticias
que le comunicaron en el Cuzco los indios de aquella
jurisdicción, igualmente que el Inca Mango sucesor de los
dos hermanos Guacan y Atahualpa. Con que se concluye,
que el simple dicho y aserto de los indios, por los efectos
que en todos tiempos ha cansado, no debe despreciarse
enteramente, y mucho menos cuando es uniforme y
conteste entre los mismos que lo producen.

12.º Bien es, que el demasiado deseo de nuestros
españoles por las riquezas y metales preciosos, ha llegado
a fabricar en sus ideas algunos países o poblaciones
imaginarias en estas Américas, cuya fantasía se ha
apoyado con el embuste de los indios, que por apartar de sí
a los nuestros, han procurado empeñarlos en el
descubrimiento y conquista de algún país riquísimo, que
fingían hacia tal o tal parte: como sucede en el Perú, donde
corre la opinión de que entre aquel reino, y el Brasil hay un
dilatado y poderoso imperio, a quien llaman el Gran Paytití,
donde dicen se retiró con inmensas riquezas el resto de los
Incas, cuando se conquistó el Perú por los españoles,
sustituyendo el nuevo imperio en lugar del que habían
perdido: sobre cuyo descubrimiento y hallazgo ge han
dedicado muchos con esmero, y gastado crecidas
cantidades, sin otro fruto que el desengaño. En la provincia
de la Guayana, que está al sur de Caracas, se dice así
mismo que hay un pueblo, a quien llaman el Dorado, por
ser tan rico, que las tejas de las casas son de oro; y al norte
del nuevo Méjico, que hay un país denominado la Gran
Quivira, reducido a un imperio floridísimo, que se formó de
las ruinas del Mejicano, retirándose allí cierto príncipe de la
sangre real de Montezuma. Y aunque sobre descubrir esta
Gran Quivira, no se han impendido gastos algunos, pero sí
se han erogado muchos sobre el Dorado, sin que se haya
conseguido otro favorable efecto, que el que han tenido las
expediciones del Gran Paytití. Y teniendo presente estos
acaecimientos, algunos críticos han colocado las
poblaciones de los españoles, que llaman Césares, entre
los países imaginarios, fundando su opinión en los
antedichos ejemplares, y en que no han podido ser
hallados, sin embargo de la solicitud con que muchas veces
han sido buscados: como entre otros sucedió con el Padre
Nicolás Mascardi, de la Compañía de Jesús, apóstol de las
Indias de Chiloé, que habiendo entrado tierra adentro en
demanda de estas poblaciones, el año de 1673, sólo
consiguió morir a manos de los indios Poyas.

13.º Mas aquí tenemos otros fundamentos sólidos, que
hacen verosímil la existencia de los españoles, a que el
vulgo ha querido denominar -53- los Césares, porque los
indios que la han declarado uniformemente, nada han
dicho de ponderación que pueda mover la codicia, pues
han asegurado que tienen lino, que tienen casas de paja y
totora, que tienen artillería menuda, pocas armas de fuego,
y muchas lanzas, con otras particularidades que no militan
en el imperio del Paytití, y población del Dorado y Gran
Guivira. Han expresado que semejantes poblaciones de
españoles proceden de los que se salvaron en el asedio de
las siete ciudades, acaecido en el año de 1599; y siendo
todo esto muy verosímil, como también que puedan ser de
los que habitan la ciudad de las Infantas que se
desapareció en aquel tiempo, sin que se pudiese saber el
fin que tuvo, ni donde estuvo situada, no hay desde luego
razón, para que, inclinándonos a la opinión de los críticos,
creamos que son fingidas e imaginarias tales poblaciones.
A lo que se agrega otra reflexión, que nace del naufragio
que han padecido algunas naves en el estrecho de
Magallanes. Según nos cuentan las historias, entre las
armadas que se han perdido en ese estrecho, una fue la de
cuatro navíos que despachó el Obispo de Plasencia para
poblar las islas Malucas; los cuales habiendo llegado con
buen tiempo al Estrecho, hallándose veinte leguas dentro
de él, se levantó por la proa un viento tan recio, que no
pudiendo volver atrás ni tener por donde correr, dieron los
tres de ellos en tierra, y se perdieron; pero no la gente, que
esta se salvó. La cuarta nave tuvo mejor suerte, porque
corriendo fortuna, pudo desembocar otra vez al mar del
norte, y sosegada la tempestad, volvió a envestir al
Estrecho, y llegó al paraje donde se habían perdido las
compañeras, hallando en aquellas riberas la gente que se
había salvado en tierra: los que viendo la nave,
comenzaron a hacerle señas, y a gritar a los que iban
dentro, pidiéndoles que los recibiesen: pero que no lo
hicieron, porque los bastimentos que habían quedado eran
tan pocos, que temían no bastasen aun para los del navío.

14.º Ahora pues, como no se sabe con certidumbre qué se
haya hecho de estos hombres, y se dice, por otra parte,
que en la realidad hay gente de Europa poblada hacia el
Estrecho de nuestro continente, no es difícil persuadirnos
que, viéndose perdidos, se entrasen tierra adentro, y
emparentando con alguna nación de indios de los que allí
existen, se hayan ido multiplicando de manera, que se
hayan dejado sentir de las naciones más vecinas, y de
estas pasado a otras las noticias, que siempre han corrido
muy vivas, de que en efecto hay tales gentes en aquel
paraje, a quienes llaman Césares: sin duda por la tradición
de que reinando el emperador Carlos V, salió un navío
cargado de familias para poblar este sitio, y varando en la
costa el bajel, entraron ellos tierra adentro, y formaron la
citada población. Consideraciones todas por que los
geógrafos la han situado en una abra de la Cordillera
Nevada, entre los 45 y 50 grados de latitud.

15.º Cuando no hubiesen otras razones que fundasen la
necesidad de indagar la real y verdadera existencia de
estas poblaciones, serían sin disputa, en concepto del
Fiscal, un poderoso motivo para que por todos los medios
posibles se procurase salir de toda duda y equivocación;
pero habiendo sospechas vehementísimas, que casi hacen
evidente el establecimiento de naciones extranjeras en los
terrenos que hay del estrecho de Magallanes para el norte,
tampoco hay arbitrio para que dejen de verificarse las
expediciones que propuso el coronel don Joaquín de
Espinosa, en su carta de 4 de Marzo de 1778, que se halla
a fojas 143 del cuaderno 5.º

16. Sobre las noticias que de ellos han dado los indios, y
quedan ya apuntadas, concurre la notable circunstancia de
haber sido siempre este fertilísimo reino el objeto de la
envidia de las naciones extranjeras, especialmente de la
inglesa. Prueba de ello es el continuo desvelo con que esta
potencia se ha dedicado a indagar la situación de los
puertos, costas y ensenadas de nuestra América
meridional, y los viajes que practicaron al mar pacífico los
piratas Francisco Drake, el año de 1579, entrando al puerto
de Valparaíso; Tomás Candish, o Cavendish, el de 1587,
dejándose ver en la isla de Santa María y Valparaíso;
Ricardo Achines en el de 1593; Oliver de Noort el de 1599;
Jorge Spilberg en el de 1615, con seis navíos; Jacobo
Lemaire, Guillermo Schouten y Guillermo Fiten el de 1616;
Henrique Beaut, que el de 1633 con una escuadra
considerable salió de Pernambuco, y entró en el mar del
sur por el estrecho de Lemaire. Era su ánimo tomar el
presidio de Valdivia, y fundar allí una colonia: pero
habiendo desembarcado su gente, y empezádose a
fortificar en aquel sitio, el Gobernador de la plaza y su
guarnición, ayudados de los indios, los desalojaron a
cuchilladas, obligándoles a abandonar el puesto, Henrique
Morgan, el de 1669, Carlos Henrique Clarke, el de 1670; y
el de 1680, Bartolomé Charps, Juan Guarlen, y Eduardo
Valmen saquearon los puertos y lugares abiertos de las
costas del Perú y Chile. Y en el presente siglo, Tomás Colb,
el año de 1708; Juan Chilperton, el de 1720; Eduardo
Wernon, el de 1740; y el de 1741 el vice almirante inglés,
Jorge Anson; y en fin el viaje del comandante Byron, hecho
al rededor del mundo, y la descripción puntual que de
orden del almirantazgo ejecutó del Estrecho, mencionando
sus bahías, puertos, ríos y ensenadas, el año de 1764.

17.º Estas consideraciones, unidas a las que con maduro
acuerdo hace el capitán don Manuel Josef de Orejuela en
las tres representaciones que ha exhibido con fechas de 21
de noviembre de 1781, 18 de febrero, y 12 de abril del
corriente año, califican en tanto grado la sospecha de que
los ingleses se hayan poblado y fortalecido en algunos de
-55- los puertos que hay desde la bahía de San Julián para
el sur hasta el Cabo de Hornos, que apenas habrá hombre
prudente que, reflexionando con detenida meditación la
materia, dude de semejantes establecimientos. Pero como
es este un punto de los más graves e interesantes al
Estado, es forzoso que el distinguido celo de Vuestra
Señoría para remover todo escrúpulo de duda, no omita
diligencia, por leve que sea, a fin de esclarecer estas
sospechas. Y supuesto que el capitán Orejuela, en el
capítulo 12 de su representación de fojas 5 del 9.º
cuaderno, expresa haber reconocido cierta declaración
tomada al Reverendo Padre Prior del convento de San Juan
de Dios del presidio de Valdivia, en que aseguraba que,
habiendo salido de Cádiz el año de 750, en el navío el
Amable María, en la altura de 50 grados de latitud al sur,
descubrió en uno de los cerros de aquel estrecho, que
tenían a la vista un hombre embozado en una capa azul,
con sombrero negro redondo; y una mujer igualmente
vestida de azul, que se reconocía serlo por la ropa talar,
acompañados de un perro grande blanco y negro; a quien
habiendo llamado a la vez con señas, no respondieron
palabra: y otra de los Reverendos Padres Misioneros
venidos en el Toscano, en que constaba que a la altura de
37 grados de latitud, por la parte del sur, encontraron una
embarcación inglesa de dos palos, que dijo se entretenía
en la pesca de ballena, y los obsequió con un barril de
aceite de ella, en correspondencia de otro de aguardiente,
con que el capitán español los cortejó; sería muy oportuno
y conveniente que una vez que no se encuentran en estos
autos semejantes declaraciones, se sirva mandar Vuestra
Señoría, que informe el citado padre prior del convento de
San Juan de Dios de Valdivia, y los religiosos misioneros
venidos en el Toscano, sobre los pasajes mencionados; y
que expresando el capitán Orejuela, cual es la persona que
lo ha comunicado las noticias que refiere en los capítulos
32, 33 y 36 de su representación de fojas 5, se le tome
igualmente su declaración jurada al tenor de los hechos
relacionados en los capítulos 33, 36 y 37.

18. Convendrá así mismo se tome igualmente declaración
al caballero francés monsieur Romanet, que se dice
hallarse hoy en Buenos Aires, empleado en nuestra marina
real, y destinado entre otros oficiales de este cuerpo a la
división de los límites con Portugal, para que exponga con
la debida claridad, si es cierto que cuando acompañó a
monsieur de Bougainville en el viaje que hizo al rededor del
mundo, al desembocar el estrecho de Magallanes, por
donde pasaron al mar del sur, vieron un sloop a corta
distancia; el cual, sin embargo de hallarse bien cerca de
tierra, inmediatamente viró de bordo, y giró para ella; por
lo que al instante lo perdió de vista la fragata francesa. Y
en esta atención puede Vuestra Señoría, siendo servido,
pasar el correspondiente oficio al Excelentísimo señor
Virrey de Buenos Aires, a efecto de que Su Excelencia
disponga lo que tenga a -56- bien sobre esta importante
diligencia, y que remita a dicha declaración Vuestra Señoría
para que se agregue a los autos.

19.º Y por lo que respecta a los medios y arbitrios que
propone el nominado capitán para la mejor defensa de este
reino, especialmente en cuanto a que la escuadra, que ha
despachado su majestad para el seguro de estos mares, se
destine a guardar la plaza de Valdivia, dándose a su
comandante la comisión de inspeccionar aquella fortaleza y
artillería, y a esta Capitanía general las facultades del
Excelentísimo Virrey, para que, en el caso de ser preciso
variar las órdenes que se comunican a los comandantes,
pueda resolver y mandar cuanto convenga al real servicio
puede Vuestra Señoría, siendo servido, consultarlo con Su
Excelencia, remitiéndole testimonio íntegro de este
cuaderno 9, en que se incluyen las tres representaciones
hechas por el capitán don Manuel de Orejuela, a fin de que
la consumada práctica y pericia de Su Excelencia en el arte
de la guerra disponga lo que tuviera por conveniente; pues
el Fiscal cree que el único seguro medio de guardar este
reino es el de que se acceda a las propuestas que sobre
este punto hace el precitado don Manuel: por lo que desde
ahora pide y suplica a Vuestra Señoría se sirva hacer
formal instancia en aquella superioridad, a efecto de que
cuanto antes se dé este destino a la escuadra real en la
plaza mencionada.

20.º Con lo expuesto hasta aquí, ha evacuado el Fiscal su
respuesta en orden a los puntos concernientes a
poblaciones de españoles y establecimientos de
extranjeros en nuestro continente, y así concluirá su
discurso acerca de estos mismos puntos, con expresar a
Vuestra Señoría la substancia y concepto que ha formado
de lo que el indio guilliche Guechapague y los caciques
Curical, Guillapangui y Quiñaguirrí comunicaron al capitán
de la reducción de Maquegua, don Fermín Villagrán, y ha
expuesto en las declaraciones que de orden del Maestre de
Campo, General de la ciudad de la Concepción, se lo
recibieron, y constan a fojas 99 y 102, del citado cuaderno
9.

21.º En una y otra expresa Villagrán haberle asegurado los
antedichos caciques e indios, que había una población de
españoles, que estaban comprando a las cautivas, los
cuales se han situado a la orilla del río Miuleú, cuyo traje es
de paño azul, y otros de amarillo; el sombrero chico y
apuntado de tres picos, y mantienen comercio con el
cacique Curihuentú, que dista de ellos dos leguas, y que en
distancia de seis, tierra adentro de la desembocadura de
dicho río en la mar, está la nueva población, muy bien
fortificada con su estacada, y mucha artillería gruesa. Y
aunque don Manuel de Orejuela, en vista de esta
declaración, procura fundar que es de ingleses este nuevo
establecimiento, el Fiscal -57- cree y conceptúa que no es
así, sino que esas son nuestras nuevas poblaciones, que de
orden de Su Majestad se han verificado en la Bahía sin
Fondo, como el Excelentísimo Señor Virrey de Buenos Aires
lo anuncia a Vuestra Señoría en su carta, fecha en
Montevideo, a seis de mayo de este año. Manifestará la
razón en que funda su dictamen, y quedará la materia tan
clara como la luz del día.

22.º Según el mapa geográfico de la América Meridional,
dispuesto y grabado por don Juan de la Cruz Cano y
Olmedilla, impreso en Madrid el año de 1775, el río Mianlú,
Leubú o Sanquel, que los indios llaman Miuleú o Neuquén,
es el mismo río que nosotros le llamamos Negro, el cual
toma su origen de las lagunas de Guanachi, desde donde
corre norte sur, hasta la altura de 38 ó 39 grados de
latitud, y desde ahí sigue del occidente al oriente con
alguna oblicuidad, hasta desembocar en el mar, donde se
forma la Bahía sin Fondo. Con que si esto es así, y
constante que las nuevas poblaciones de españoles se
hallan situadas en la expresada bahía, en que el río de
Miuleú desemboca al mar, es evidente la verdad con que
hablaron los caciques e indios Guilliches al capitán
Villagrán, y que no debe por esa parte recelarse
establecimiento de extranjeros, quedando así enteramente
desvanecido el concepto que acerca de este punto ha
formado el capitán Orejuela.

(ESTE PUNTO ES IMPORTANTISIMO PORQUE RECONOCE
IMPLICITAMENTE LA EXISTENCIA DE “EL FUERTE” O
ANCIENT FORT ABANDONNE.)

23.º Pero como subsisten vigorosas las demás razones y
fundamentos que forman una más que semiplena,
probanza de la realidad del establecimiento de nuestros
enemigos en aquellos propios terrenos, por eso, con
justísima razón el poderoso invicto Monarca, que felizmente
nos gobierna, tuvo a bien expedir la real orden de 29 de
diciembre de 1778, en que, a consecuencia de las
actuaciones que promovió el distinguido y ardiente celo del
coronel don Joaquín de Espinosa, se sirvió adoptar las
oportunas y bien fundadas reflexiones que le hizo esta
Capitanía General, en apoyo de la propuesta que el coronel
don Joaquín explicó en su carta de fojas 143, del cuaderno
5, dejando a la discreción de este Superior Gobierno el
arreglo de las expediciones que han de ejecutarse, con el
importantísimo objeto de descubrir semejantes
establecimientos, y salir de una vez de dudas y
equivocaciones; graduando el tiempo en que convenga se
verifiquen con la menos costa que sea posible; formando a
este efecto las instrucciones que hayan de observarse, y
cuidando de precaver en ellas todos los riesgos que las
pueda empeñar en la pérdida de gentes, sin una necesidad
muy urgente, y que no pueda remediarse o alcanzarse, por
razón de saber de hacer sus marchas por parajes
desconocidos. En la inteligencia de que el señor capitán
general de este reino ha de entenderse en derechura con el
Excelentísimo Señor Virrey del Perú, para cuanto le ocurra
sobre este particular: a cuyo fin le ha prevenido -58- Su
Majestad preste los auxilios de tropa y demás que sea
conveniente para la consecución de esta empresa.

24.º Esta real resolución, y las que se contienen en las
órdenes de 2 de diciembre de 1774, 10 de agosto de 75, 18
de Julio de 78, y 29 de diciembre de 78, que se contienen
en el 7.º cuaderno, manifiestan la decidida real voluntad,
acerca del efectivo envío de las expediciones proyectadas
por el coronel don Joaquín de Espinosa, en su citada carta
de fojas 143 del 5.º cuaderno. Y en esta virtud, lo que hoy
únicamente resta, y de que se debe tratar, es del tiempo
en que convendrá ejecutarse estas expediciones, y del
modo y circunstancias que deban observarse antes, y en el
acto de su verificativo.

25.º El Excelentísimo señor don Agustín de Jáuregui, siendo
gobernador y capitán general de este reino, inteligenciado
de la juiciosa conducta del coronel don Joaquín, y el mérito
que sobre este particular tenía contraído, puso al cargo y
mando de este oficial las operaciones referidas, y le ordenó
en carta de 20 de agosto de 1779, que para formalizar las
correspondientes instrucciones, con total arreglo a las
soberanas intenciones de Su Majestad, y al religioso
espíritu que manifiesta la misma real orden de 29 de
diciembre, le previno, que con la posible anticipación y
reserva le expusiese cuanto considerase preciso y
necesario para habilitar dichas expediciones, de modo que,
por falta de víveres, bagajes, armas, municiones y
pertrechos no tengan que padecer necesidades, peligro, ni
atraso en las marchas a su destino: lo que podría facilitarse
de estos auxilios y provisiones en la plaza de Valdivia y su
jurisdicción; y lo que había de llevarse en el navío del
situado, así de esta capital como de la de Lima. En el
concepto de que habían de ser dos las expediciones: las
que, a un tiempo determinado, debían salir una por Chiloé,
y otra por Valdivia. Le previno también que le informase si
le ocurría reparo, en que de las cuatro compañías que
habían de venir del Callao, se remitiesen dos a Chiloé, para
que a su abrigo puedan venir las milicias que destinare el
Gobernador de aquella provincia a reunirse con las que
saliesen de esta otra plaza, y la tropa que las había de
acompañar; y así mismo, si habría caballerías bastantes
para las remontas que se consideran precisas, haciendo
atención al número de que se hubiese de componer la
expedición.

26. Previno Su Excelencia igualmente al coronel don
Joaquín, le informase qué tiempo le parecía el más a
propósito para la salida, a efecto de adelantar las órdenes
correspondientes al más breve apronto de las provisiones
de boca y guerra, y de todos los útiles que comprendiese
necesitarse, como el de los agasajos que más apetezcan
los naturales del tránsito, dándole razón de unos y otros. Y
considerando lo que importa conferir -59- también la
materia con el Gobernador de Chiloé, antes de ocurrir al
Excelentísimo Señor Virrey del Perú, por los auxilios de
tropa y demás que fuese preciso, le dirigió un pliego
rotulado a dicho Gobernador, para que lo remitiese a
Chiloé, en alguna piragua, o embarcación de particulares;
con orden de que la comprase de cuenta de Su Majestad, si
fuese capaz de poderse continuar en ella la
correspondencia con aquella provincia, y en él de que no la
hubiese, que dispusiese la construcción de una, adecuada
al fin enunciado; haciéndole otras prevenciones
conducentes a procurar la mayor seguridad de la
expedición, y el acierto de la ruta que se ha de elegir, y a
facilitar el debido cumplimiento de la real orden de Su
Majestad, con la prontitud deseada. Y sin embargo de ser
necesarísima la decisión de estos puntos, no se encuentra
en los autos razón ni carta alguna del coronel don Joaquín,
en que explique su dictamen en cuanto a ellos; ni tampoco
la respuesta que debió dar el Gobernador de esta provincia
de Chiloé, en consecuencia del pliego que se le dirigió por
la vía de Valdivia.

27.º En las cartas de fojas 83 y 84 del, 7.º cuaderno, fechas
a 12 de junio de 1780, expresa el Excelentísimo Señor don
Agustín de Jáuregui, siendo aun Presidente de esta Real
Audiencia, quedar en su poder la que en contestación de la
suya de 14 de febrero escribió al coronel don Joaquín el
gobernador de Chiloé don Antonio Martínez y la Espada,
con fecha de 27 de marzo, la misma que con otra de 15 de
abril le dirigió dicho coronel, consultándole los medios que
lo ocurrían para facilitar la expedición por la parte sola de
Valdivia, atendida la imposibilidad que ponía el mencionado
Gobernador, de no ser factible se hiciese salida de aquella
provincia para Osorno, por los motivos que expuso:
añadiendo en la de fojas 84, quedaba también en su poder
la razón que con la citada carta de 15 de Abril se incluyó,
de lo que a don Joaquín le había parecido añadir a la
anterior, remitida para la expedición proyectada, y que
todo se agregaría al expediente de la materia para tenerlo
presente cuando hubiesen de darse las últimas
providencias, con arreglo a lo resuelto por Su Majestad. Y
según lo que estas dos cartas ministran, se comprende,
que de facto el coronel don Joaquín de Espinosa evacuó el
informe de aquellos puntos que se le previnieron en la de
29 de agosto de 79, o a lo menos que expuso su dictamen
sobre algunos de ellos: y pues conducen en gran manera
para que Vuestra Señoría pueda tomar sus medidas en este
grave y delicado asunto, parece corresponde se sirva
mandar, que así en la Secretaría de cámara de esta
Capitanía General, como en la escribanía de este Superior
Gobierno, se busquen y soliciten esos documentos, para
que se agreguen a los autos de la materia. Y en el caso de
que no se encuentren, que se escriba una carta orden al
teniente don Marcelo de Arteaga, albacea del coronel don
Joaquín, previniéndole solicite entre los papeles -60- de
este oficial el borrador de la carta de 15 de abril de 780,
escrita a esta Capitanía General, y el de la razón con que la
acompañó; y sacando copia puntual de uno y otro, la
remita a manos de Vuestra Señoría, para los fines que
convengan al real servicio.

28.º Bien es que el capitán don Manuel de Orejuela tiene
absueltos todos esos puntos en sus enunciadas
representaciones, en que ha expuesto parecerle
conveniente, que se haga una sola salida por Chiloé con mil
hombres de tropa arreglada, y quinientos más para allanar
los caminos, y conducir los bagajes, pertrechos de guerra,
y demás que ocurra en tan vasta empresa, refiriendo el
número y clase de armas, y los otros preparativos de
guerra y boca que conceptúa indispensables. Y por el
mismo caso de estar opuestos los dictámenes, pues el
coronel don Joaquín en su citada carta de fojas 149 del
quinto cuaderno, propuso que era suficiente el número de
cuatrocientos hombres de armas, así para allanar el
antiguo camino de Osorno a Chiloé, como para verificar los
descubrimientos que se apetecen, haciéndose a un mismo
tiempo dos entradas por Valdivia y por Chiloé, es forzoso
que Vuestro Señoría reconozca, todos los papeles y cartas,
que sobre esto hubiese escrito el coronel don Joaquín,
mayormente estando también opuesto el dictamen del
Gobernador de Chiloé, don Antonio Martínez y la Espada,
según se enuncia en la citada carta de fojas 83 del
cuaderno séptimo.

29.º Entre los muchos y buenos arbitrios que propone don
Manuel Orejuela, parece al Fiscal muy oportunos y
convenientes dos. El primero, el de llevar la expedición las
canoas de viento, necesarias para el tránsito de los ríos y
lagunas que se ofrecen en el camino, fabricándose de
pieles de lobos marinos, a poca costa, en que pueden
cargarse de 15 a 18 quintales, y conducirse cuatro
hombres, a más del que fuere a regresarla. Y el segundo, el
que se traslade toda la gente y guarnición que hoy existe
en la isla de Juan Fernández, y se reúna en la plaza de
Valdivia: pues siendo esta la llave de todo el reino, a ella se
debe aplicar todo el cuidado, y la mayor fuerza, siendo
excusada la del presidio de Juan Fernández, porque esta
isla estará bastantemente guardada, siempre que se de
orden a los navíos de la carrera que la reconozcan en los
viajes que hicieren de Valparaíso al Callao, y tengan
cuidado de avisar, lo que en ella notasen, a este superior
gobierno y al de Lima. Cuyo pensamiento, apoyado con el
ejemplar de la traslación hecha de la población que había
en las Islas Malvinas a la bahía de San Julián, es un
argumento eficaz de la conveniencia, y aun necesidad que
hay de que se verifique la traslación que propone don
Manuel de Orejuela. Sobre que Vuestra Señoría con sus
superiores luces resolverá lo que le parezca más acertado
conveniente al real servicio, graduando los demás arbitrios
que insinúa, -61- según lo exigieren las actuales
circunstancias, y las que puedan ocurrir, para el mejor
acierto de las expediciones proyectadas.

30.º Ya que con haber fallecido el coronel don Joaquín
Espinosa, no han podido tener efecto todas las diligencias
prevenidas por el Excelentísimo Señor don Agustín de
Jáuregui, en su carta de 20 de agosto de 1779,
concernientes no solo a conservar la amistad contraída con
los caciques de Quinchilca, Ranco y Río Bueno, sino a
adelantarla, y adelantar también, si fuere posible, las
noticias de la verdadera situación de los establecimientos
que se pretenden descubrir, y la de los caminos más
cómodos para llegar a sus poblaciones, sería desde luego
muy conveniente que el notorio celo de Vuestra Señoría
confiriese esta comisión al sargento mayor, don Lucas de
Molina, o a otro oficial de honor de la plaza de Valdivia, que
hubiere manifestado deseo positivo de lograr el hallazgo de
tales poblaciones: ordenando al Gobernador de la plaza,
que lejos de poner embarazo en la práctica de estas
diligencias, tan interesantes al estado, contribuya por su
parte, cuanto le sea posible, dando al comisionado los
auxilios que pidiere y necesitare para el desempeño de su
comisión.

31.º En esta virtud puede Vuestra Señoría, siendo servido,
mandar que el comisionado haga presente a los caciques
amigos, por medio de Francisco Agurto, Baltazar Ramírez, u
otros emisarios de su confianza, el deseo de verles y
manifestarles el agrado que han causado al Rey, a Vuestra
Señoría, y al Gobernador de la plaza, las expresiones y
operaciones, con que en el tiempo del gobierno de don
Joaquín de Espinosa, dieron pruebas de su lealtad y
verdadera amistad con los españoles; y que con este
motivo procuren adelantar las noticias de los parajes en
que realmente existen los establecimientos de españoles y
extranjeros, si los hubiere, y la de los caminos más
cómodos para llegar a sus poblaciones: aprovechando las
ocasiones que se les presenten de contraer nuevas
amistades, y de ponerlos en estado de que ellos mismos
rueguen por el descubrimiento de dichas poblaciones, y
ofreciéndoles que, mediante su generosidad, serán bien
regalados ellos, sus mujeres e hijos. Que persuadan
también a los caciques amigos que procuren convidar a los
caciques vecinos, a que hagan el mismo allanamiento y
propuesta, y de este modo consigan irse internando hasta
donde puedan, y purificar las noticias que vayan
adquiriendo, haciéndose al propio tiempo capaces de los
caminos y parajes por donde, pueda seguir la expedición
con mayor comodidad y seguridad, y arreglarse los
alojamientos, encargando para ello a estos emisarios que
demarquen con cautela los sitios y distancias, y que se
informen por donde se iba antes a Chiloé, con respecto a
ser uno de los principales objetos de las expediciones
proyectadas, franquear la comunicación con aquella
provincia; y que importa muchísimo saber con fijeza cual
-62- sea el antiguo camino, o el paraje por donde sea más
pronto y seguro el tránsito a ella.

32.º Del propio modo puede Vuestra Señoría prevenir al
comisionado, que en atención a haber declarado Domingo
Monte-Alegre, natural de Chile que el cacique Tanamilla,
distante tres leguas del fuerte de Río Bueno, le comunicó
que un chilote se hallaba cautivo abajo de Osorno en los
Juncos, en un paraje nombrado Poyigué, que este sabe
donde están los españoles, y que el cacique le ofreció lo
llevaría, si quisiese, a que hablase con él, a cuya propuesta
asintió, pero que no lo ha vuelto a ver; proponga al mismo
Monte-Alegre si se allana a reconvertir al cacique, para que
lo lleve a hablar con su paisano, procurando se verifique la
entrada de este español, si es que no se encuentra en ello
riesgo de su vida, pues si es cierta la relación del cacique,
no hay duda que el cautivo, no solo dará razón del sitio en
que existen los españoles y extranjeros, sino también del
camino de Chiloé, y si le cautivaron los mismos indios
Juncos, o los de otras naciones más avanzadas a aquella
provincia, como de lo demás que tenga visto o sabido, con
motivo de haber vivido entre aquellos bárbaros.

33. Así mismo será conducente que el comisionado haga
que Francisco Agurto procure que el cacique Manquemilla
le cumpla la oferta que le hizo, de que haría llamar a su
sobrino Antuala, que vive en las inmediaciones de la
laguna de Puraylla, para que hablase con él, según se
expresa en las actuaciones remitidas por el coronel don
Joaquín de Espinosa, de resultas de la expedición que hizo
a su costa, y corren desde fojas 125, hasta fojas 140 del
cuaderno 5.º. Pues cuando no se adelante la adquisición de
más claras luces de la ubicación de los establecimientos
que se buscan, se conseguirá que la expedición pueda
seguir sin mayor riesgo, y por caminos rectos o menos
ásperos, hasta la citada laguna de Puraylla2, o hasta donde
alcance la correspondencia de Antuala con los caciques e
indios de más adentro. Advirtiéndoles también que tengan
particular cuidado de averiguar, si los indios intermedios
son muchos o no, para que Vuestra Señoría en esa
inteligencia, pueda determinar la fuerza que parezca
suficiente: y en fin, que el comisionado empeñe su celo y
capacidad, en que los emisarios o exploradores, bien
instruidos de sus prevenciones, adelanten cuanto sea
posible en esta importancia.

34.º Las mismas reales órdenes están respirando la
suavidad con que Su Majestad quiere se verifiquen estas
expediciones, y por eso el principal cuidado que en ellas se
ha de tener, es y debe ser, evitar -63- el recelo y desagrado
de los indios, y de todo punto el uso de las armas, a menos
que no haya otro recurso para defender las vidas, la fuerza
con una defensa natural; y conseguir por medios suaves la
internación, hasta que no quede duda de si hay o no los
establecimientos que se solicita descubrir: asegurándoles
de la buena fe con que se camina y captándoles la
voluntad, para que espontáneamente se reduzcan a
nuestra amistad y pidan el establecimiento de misiones en
sus tierras; y lograr con este antecedente la oportunidad
de proponerles, ser para ello preciso que queden españoles
que acompañen a los misioneros, y los defiendan de los
rebeldes o enemigos de los mismos indios.
Para consolidar la amistad con ellos, se les puede hacer
presente la que los de la frontera de la Concepción tienen
trabada con nosotros: el amor y caridad con que les mira
nuestro Soberano, la misma que profesa a todos los indios
en general. Que no quiere, ni apetece otra cosa que el bien
espiritual y temporal de todos ellos; que a este fin ha
destinado en esta capital un hermoso colegio, en que sus
hijos sean doctrinados y enseñados, costeando la real
hacienda los maestros necesarios, para que se hagan tan
sabios e instruidos como los mismos españoles; y que en
esa atención se les proponga deliberen enviar los suyos a
este colegio, asegurándoles que serán bien tratados,
queridos y regalados; cuyas insinuaciones no solo
convendrá que las expresen a los caciques de aquella
jurisdicción los emisarios o exploradores sobredichos, sino
también el comisionado, el gobernador de plaza, y aun el
oficial u oficiales a quienes se hubiere de encomendar el
mando de las expediciones, el tiempo y cuando hubiese de
llegar y pasar por sus terrenos.

35.º Y ya que ha llegado el caso de hablar del modo y
arbitrios que pueden presentarse para el logro de que estos
naturales, abdicando de sí aquella ferocidad que les
acompaña, y aquel odio y rencor implacable que han
concebido contra la nación española, no deja ya el Fiscal de
apuntar uno que le ocurre, y le parece concerniente y
oportuno. Las mismas actuaciones, que comprenden estos
autos, están acreditando que los indios de la jurisdicción de
Valdivia, y todos los de esta nación en general, lo que
aborrecen entrañablemente es considerar que puede llegar
el caso de que los españoles los reduzcan a servidumbre, o
sujeten a encomiendas, como lo practicaban y practicaron
luego que fundaron las ciudades de Osorno, Imperial, Villa
Rica, Angol, Valdivia, Infantas y Loyola, cuya total
destrucción provino del deseo que asistía a los subyugados
de verse libres de esta especie de esclavitud. En las
propias actuaciones habrá notado -64- Vuestra Señoría que
aun subsiste en el ánimo de los indios, muy vivo el recelo
de caer en ese infortunio, y que por eso han soltado una
que otra expresión relativa a estos puntos, ya diciendo que
los españoles son muy temerarios y tiranos, y ya que los
han de hacer esclavos, o sujetarlos a encomiendas, si se
juntan con los Aucahuincas que se salvaron del asedio de
la ciudad de Osorno.

36.º No es este tema nuevo en los indios de Chile, sino
muy antiguo, y viene de muy atrás. Prueba de ello son los
pasajes ocurridos al Padre Luis de Valdivia, el año de 1612,
con los caciques e indios de la frontera de la Concepción.
Viendo la Majestad de nuestro Católico Rey don Felipe III, lo
poco que aprovechaban los indios de la fuerza y del rigor
para sujetar a los indios chilenos, que tan soberbios e
insolentes se hallaban con las victorias que habían tenido,
y con la toma y ruina de las ciudades que nos destruyeron,
se dignó resolver, que totalmente se mudase de estilo en
esta conquista, y que dejando del todo la guerra ofensiva,
se redujese solo a la ofensiva: considerando que por este
medio se reducirían los indios más fácilmente a la Fe, y la
recibirían con más amor y aplicación, viéndose libres del
tumulto, y ruido de las armas, para lo cual se valió de la
prudencia, celo y eficacia del citado padre Luis de Valdivia,
religioso de la extinguida compañía de Jesús, eligiendo por
gobernador a don Alonso de Rivera, que a la sazón lo era
del Tucumán, y antes lo había sido de Chile. Luego que este
religioso llegó a la Concepción, empezó a tratar con los
indios de guerra, de los medios de la paz que de parte del
Rey les ofrecía, dando principio por las naciones cercanas,
que eran las de Arauco, Tucapel y Catiray, a quienes envió
los mensajeros que tuvo por convenientes. Noticiosos los
indios de esta novedad, resolvieron se hiciese una junta
con el padre Luis en Nancú, lugar que está en medio de
todo Catiray, para que allí se tratase del negocio
propuesto, y de los conciertos de paz y amistad que
deseaban; a cuyo fin se habían congregado diez
parcialidades.

37.º Habiendo el Padre resuelto su salida, y llegado al lugar
en que le esperaban los caciques, se echaron sobre sus
brazos, mostrando gran contento de su llegada a aquellas
tierras, y tomándole de la mano Guayquimilla, que era el
más principal de ellos, se la besó en nombre de todos los
demás, y le hizo un elegante razonamiento, diciendo que
«de su alegre venida no solamente estaba regocijada la
gente a quien llevaba tan grande bien, pero que los
mismos brutos animales, las yerbas, las flores, las fuentes
y los arroyos saltaban de placer y contento». Después de
estas, primeras cortesías, se sentaron a razonar y discurrir
sobre las materias de las paces; y entre otras razones, -65-
dijo uno de los tres caciques: Padre, todos los indios
principales desean la paz, aunque el pueblo y los soldados
no se pueden persuadir de que los españoles la quieren y
la desean. A que replicándole el Padre: ¿cómo podía ser
eso, cuando el Rey lo había enviado solo a ese fin, por el
cual se había arrojado a los peligros de tantos males, hasta
llegar a sus tierras; y que eso mismo, y no otra cosa,
pretendían el señor Gobernador, los Maestres de campo y
capitanes? Respondió el cacique: «No dudo de eso que
dices; lo que se duda es que los españoles quieran paz,
que sea, paz. Bien sabemos que gustarán de la que llaman
ellos paz, y yo no la tengo por tal, que es que nosotros nos
rindamos, y nos sujetemos a ellos, y les sirvamos como a
nuestros amos y señores; y esto no es paz, sino ocasión de
las inquietudes, perturbaciones y guerras, que hemos
tenido hasta aquí. Paz es la que tienen los españoles entre
sí, y la que tienen los indios entre nosotros, gozando cada
uno de su libertad, y de lo que tiene, sin que ninguno se lo
quite, ni quiera mandarle, ni tenerlo debajo. Esto llamamos
paz, y esta la abrazaremos muy de corazón. Pero si no
tratas de esta paz, y quieres la que los españoles llaman
paz, no verás que la admitamos mientras el sol gire por el
cielo».

38.º Vea ahora Vuestra Señoría si es nuevo en los indios el
sistema de resistir toda especie de servidumbre y sujeción
al español. Ninguna otra cosa aborrecen más que el hecho
de privarles de la natural libertad con que todos nacemos,
y así quieren gozar de la misma que disfrutan los españoles
entre sí, y los mismos indios unos con otros. Por lo que
parece al Fiscal que el remedio eficaz de que los naturales
de la jurisdicción de Valdivia, y demás que residen tierra
adentro hasta el estrecho de Magallanes y Cabo de Hornos,
se reduzcan, será proponerles que gozarán de una total
libertad, sin que jamás llegue el caso de qua se les reduzca
a esclavitud, o encomiendas; y que tampoco se les
pensionará con tributos, ni otros pechos, aunque sea
dispensado la disposición de la ley 9, título 4, libro 4 de las
recopiladas de estos reinos: previniéndoseles que serán
tratados como los mismos españoles, sin diferencia alguna,
pues son vasallos de un propio soberano, cuya real
benignidad ha tenido a bien adoptarlos por tales, y
recibirlos bajo de su poderosa protección y amparo.

39.º Ni este pensamiento puede oponerse en manera
alguna a la política que hasta aquí se ha observado con
esta nación, porque atendiendo a que los del reino del Perú
reconocían a los Incas por sus soberanos y reyes, y les
pagaban sus contribuciones en prueba del vasallaje que les
rendían, como no ha sucedido esto así con los del reino de
Chile que residen tierra adentro, no parece disconforme
-66- que, aunque a aquellos se le pensionase con el tributo
que señala la ley, se dispense con esta semejante
contribución, una vez que, según nos cuentan las historias,
los emperadores peruanos, no llegaron, ni pudieron pasar
con su conquista, de la tierra de los Promocaes, y río
caudaloso de Maule, que divide la provincia de este
nombre de la de Cauquenes, por la ferocidad y braveza de
los que habitan en esa parte hacia el sur; quedando el río
señalado, por términos del imperio, de orden de Yupanqui,
décimo Inca de aquella dinastía. Con que, si es constante
que los indios no reducidos, que son los que hay desde el
caudaloso río Bío-Bío, para el sur, hasta el estrecho y
costas patagónicas, no reconocen otro soberano ni rey (a
excepción de algunos amigos de la frontera), que a sus caciques particulares, sin retribuirles pensión alguna en
señal de vasallaje, no sería desde luego extraño que se les tratase de la paz y amistad con los españoles, con el pacto de las insinuadas excepciones; practicándose lo mismo con los de la frontera de este reino, a fin de que se vayan domesticando, y viendo que nuestras ofertas son ciertas, y nuestra amistad sincera, se procuren españolizar, casándose indios con españolas, y españoles con indias, a cuyo propósito sería oportuno autorizar a los de una y otra nación.

40.º Los felices principios, que por efecto de la Providencia facilitaron la adquisición del terreno en que hoy se halla situado el fuerte de Río Bueno, y establecida la misión que con instancia pidieron sus caciques, en la cual se han percibido ya los frutos que manifiesta el plano de fojas 47 del octavo cuaderno, dan sin duda fundada esperanza de que no acaso se han logrado estas ventajas en cerca de siglo y medio que no se oía la voz del evangelio en aquellas tierras, y de que el Altísimo quiere ya dispensar los arbitrios de que nuestra sagrada religión se plantifique en un terreno, cuyos habitadores se han mostrado hasta aquí contrarios nuestros.

1786-1788: Expediciones del piloto José de Moraleda a los archipiélagos australes y la costa de Aysén. En 1792-1793 realiza nuevas exploraciones, que plasma en un mapa de la región

1791-1793: Expediciones de fray Francisco Menéndez a Nahuelhuapi

Miscelánea : “La Isla de los Césares”

Frente a las Costas de la Ciudad de Stroeder, Provincia de Buenos Aires, Argentina, hay una Isla que se llama desde hace mucho tiempo “Isla de los Césares” y nadie sabe por
qué. Nadie sabe el origen del nombre. Nadie. La Isla es propiedad de un conocido periodista y aviador de la zona quien tampoco sabe el origen del nombre. Sin embargo, la zona es conocida por las innumerables anécdotas de corsarios piratas durante el Siglo XVIII y XIX y de submarinos de diversas naciones avistados en la zona durante la segunda Guerra Mundial.

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Autor: Alejandro Vega Ossorio

Director de la Comisión de Exploraciones Arqueológicas

Gran Maestre de la Orden del Cetro

Templarios en la Patagonia: las Expediciones en Busca de la Ciudad de los Césares. Parte II
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